viernes, 1 de junio de 2012

Compartiendo ideas




Uno de los programas organizados para conmemorar el Centenario del retorno de Swami Vivekananda a la India, fue la 'Lectura y discusión de su trabajo' realizado entre los días 7 y 14 de febrero de 1997.

Alrededor de cuarenta estudiantes de la vida de Vivekananda se reunieron en el Math de Chenai (Madrás) para leer y cambiar ideas. El grupo incluía a estudiantes y educadores universitarios, administradores y trabajadores sociales, ejecutivos y comerciantes. En esta ocasión cada conferencia dada por Swami Vivekananda en Chenai fue leída línea por línea. Fue una discusión vívida y entusiasta. Al final todos estuvieron de acuerdo en que la celebración había cumplido y satisfecho ampliamente su propósito.

Swami Vivekananda en Chennai en 1897, después de su primer viaje al Occidente

Ahora bien, el propósito de este acto no fue 'definir' el mensaje de Swamiyí, ni tan siquiera arribar a conclusiones 'correctas' con respecto a lo que él quería que hiciéramos y cómo hacerlo. Nada de eso. El propósito del acto fue sencillamente compartir. Compartir nuestras ideas y esperanzas, ansiedades y temores, nuestra comprensión y experiencias.

Se necesita una extraordinaria dosis de seguridad o de total silencio para poder afirmar dogmáticamente lo que Swamiyí significó. Desde un punto de vista total de las enseñanzas de Swamiyí era posible afirmar la posibilidad de 'esto' y la imposibilidad de 'aquello' con relación a muchos interrogantes. Esto es obvio.

Cuando compartimos ideas con otros es bueno tener presente lo que significa 'no compartir'. Por ejemplo en el caso de enseñar; no es una excusa para obligar a otros a compartir nuestros puntos de vista. Compartir ideas no significa desacreditar otras vías de pensamiento y establecer la propia como el único camino.

Compartir ideas no es como una agencia de ventas para promover nuestros propios productos. Compartir no es enseñar, persuadir o convertir. Entonces, ¿qué es compartir? Simplemente un aprendizaje. En un grupo donde se comparten ideas, cada uno es un aprendiz. Si todos tienen la mente, los ojos y los oídos bien abiertos, todo el grupo se beneficiará. El primero y principal beneficio es el de tener una oportunidad para escuchar que desconocíamos.

Nuevas ideas, nuevos acercamientos, nuevos puntos de vista, son una clase de fiesta para los pensadores. Así como significan nuevos platos para un 'gourmet'. No es necesario tragar toda nueva idea y tampoco es necesario rechazar o eludir cada nueva idea por el hecho de ser nueva. Todo lo que debemos hacer es mantener la puerta de la mente abierta y dejar que las ideas entren. Una vez allí podemos examinarlas a gusto; ver cómo y hasta dónde son aptas para la totalidad del cuadro. Caso contrario podemos simplemente ignorarlas.

Pero si encontramos alguna idea de valor, digna de ocupar un lugar en la mente, podemos invitarla a nuestra cámara interna después de asegurarnos que vivirá en armonía con las otras ideas residentes. Una mente activa y concentrada es una comunidad dinámica de ideas. La mente debe estar siempre ocupada en integrar nuevas ideas como miembros de esa comunidad y expulsar las no aptas.

La gente de mente cerrada tiene ideas pero no está capacitada para 'compartir' en el verdadero sentido del término. Compartir ideas es un proceso de dos direcciones opuestas, es un dar y tomar. Los de mente cerrada quieren sólo dar ideas pero, ¿cómo es posible esto a través de una mente estrecha? Esas personas no pueden ni siquiera dar ideas, ellas simplemente charlan. No tienen para decir. Sienten que no hay necesidad porque ya tienen la clave de toda sabiduría y no tienen nada que aprender de otros. 

También puede suceder que teman que su estructura mental se haga añicos si dejan entrar nuevas ideas. Sea cual sea la razón, mentes e ideas cerradas son como presos en calabozos: desnutridos, desdichados y desconectados de la realidad externa.

Compartir ideas es como permitir que el aire puro y la luz del sol penetren en cada rincón de la mente manteniendo las ideas residentes felices y saludables al permitirles interactuar con ideas ajenas. La fuerza y autenticidad de una idea es comprobada sólo cuando se la deja en libertad en compañía de otras ideas. Este es otro beneficio que surge de compartir y comprobar el valor de cada idea.

Si descubrimos que algunas de nuestras ideas son erróneas o se han vuelto 'obsoletas' debemos tener el coraje y el desapego de dejarlas ir y ocupar su lugar con algunas alternativas de valor. Es así como compartir ideas conduce en última instancia al enriquecimiento de la mente y a la formación sólida de una estructura mental duradera.

Construir una saludable estructura de pensamiento es una experiencia estimulante y si moramos en ella recibiremos gran paz y contentamiento. Dado que ya hemos practicado el dejar ir a algunas de nuestras minúsculas nociones y conceptos, mientras levantamos el edificio de ideas en nuestra mente, estamos preparados para conformamos y percibir de ellas cuanto sea necesario.

Morar en un sólido edificio construido con ideas de mutua armonía, nos protege de las peligrosas nociones autodestructivas; esclarece muchas de nuestras dudas; responde a la mayoría de nuestros interrogantes y hasta termina con la noción, que no debemos ignorar, de que el tiempo propicio ha llegado para dejar el edificio. Ahora ha llegado el momento de salir del capullo y ponemos en contacto con el centro y base de la realidad.

Las ideas son buenas y útiles pero para la realidad son sólo indicaciones. La idea de un mango es distinta de el mango en sí mismo y si bien la idea puede ocupar la mente, no puede llenar el estómago. Solamente un mango real puede satisfacerme ampliamente.

Viene a mi mente el ejemplo de Sri Ramakrishna acerca de 'contar los árboles, ramas y hojas'. Lo importante es saber cómo llegar hasta el huerto de mangos. Esta información es esencial. Pero una vez en el huerto no tenemos que contar los árboles, ramas y hojas. Sólo tenemos que arrancar el mango y comerlo. Ninguna 'idea' de un mango puede competir con un sabroso y jugoso mango real en la boca.

Compartir ideas nos enseña otras grandes lecciones: paciencia, tolerancia y aceptación.

Podemos oír a alguien decir algo que carece de importancia para nuestra mente y hasta parecersin sentido. ¿Podemos prestar un oído paciente? ¿Podemos aprender a aceptar sus puntos de vista por más contrarios a los nuestros que sean?

En nuestra capacidad para esto reside nuestra fuerza intelectual y nuestra amplitud de corazón. Si no tenemos tiempo o paciencia para escuchar a otros, ¿qué derecho tenemos de exigir a otros su tiempo y paciencia para escuchamos? Nuestras propias ideas pueden ser más extravagantes que las que menospreciamos.

¿Todo es un asunto de 'yo te escucho?, por lo tanto, 'tú debes escucharme'? En absoluto. Compartir, repetimos, es aprender simplemente escuchando a otros con atención y simpatía. Aun si escucháramos ideas diametralmente opuestas a las nuestras, aun así podemos aprender si nos preguntamos: '¿Qué me hace pensar esta persona con sus ideas? ¿Cómo puedo considerarlas incompatibles o insensatas si para ella son buenísimas?'

De esta manera podemos descubrir que si bien la idea puede no ser apta para nuestra estructura mental, está jugando un rol en la mentalidad de otra persona y al mismo tiempo dándole energía. 'Yo tengo la libertad de compartir mis ideas con otros; dejemos que ellos hagan lo que quieran con esas ideas'. Esto puede hacerse sin enojarse, sin perder la paciencia y sin condenar o censurar a los demás.

El hecho de compartir una experiencia puede engendrar una verdadera humildad. Cuando observamos que 'mi modo de pensar no es el único', descubrimos que podemos aprender mucho de otros. Esto nos evitará el adherimos dogmáticamente a nuestro propio juego de ideas; ya no podemos ser fanáticos. Nos volvemos estudiantes ideales, listos para aprender con humildad de cualquier fuente de conocimiento.

Esta fuente no es exclusivamente humana. Si estamos realmente abiertos a la vida y sus bellezas, el acto de compartir puede tener lugar entre la naturaleza y nuestra mente y corazón. Vemos así que compartir ideas es un proceso de 'doble mano' un 'dar y tomar'. Naturalmente pensamos que el maestro da y el estudiante recibe; esto es obvio. Lo que no es tan obvio es el proceso invisible en que el estudiante da (a menudo inconscientemente) y el maestro recibe (casi siempre conscientemente).

Un verdadero maestro es simultáneamente un verdadero estudiante y está siempre aprendiendo. No debe sorprendemos la declaración de Sri Ramakrishna: 'Mientras vivo, aprendo'.

Es mucho lo que podemos aprender de vida la de Sri Ramakrishna acerca de la belleza y significado de un verdadero compartir. Y en virtud de que Sri Ramakrishna fue un auténtico partícipe de ideas, es que vemos en Él todas las características y beneficios que reporta el compartir; su buena voluntad para aprender de todos y de todo. Su mente clara como el cristal, su mira liberal y universal, su asombrosa capacidad para asimilar como para dejar pasar, su infinita paciencia, su espíritu de aceptación y su gran humildad.

Sri Ramakrishna

Todas estas cualidades pueden ser nuestras si aprendemos el arte de compartir ideas. Esto hará bien no sólo a algunos seres humanos sino también a la sociedad. En la actualidad hay una gran necesidad de compartir ideas en todos los campos de la vida. Si la gente de distintas tradiciones espirituales compartieran mutuamente sus experiencias, mucha de la ignorancia acerca de las religiones distintas a la propia, se desvanecerían. Esto terminaría con toda sospecha, desconfianza, indiferencia, desprecio y con un desubicado sentido de superioridad.

Si los políticos de diferentes ideologías compartieran mutuamente sus ideas sobre desarrollo social, descubrirían diversas áreas en las cuales ellos podrían trabajar juntos para el mejoramiento y florecimiento de la sociedad en lugar de fomentar contiendas y oposición.

Compartir es igualmente esencial para los que actúan en otros campos: ciencia, tecnología, economía, psicología, filosofía y educación fisica, entre otras. En algunos momentos, con toda seguridad, descubriremos que compartir es un modo de vivir; no sólo con respecto a ideas sino también en todo aquello que estamos en condiciones de compartir.

(Editorial de la revista 'Vedanta Kesari', abril de 1997)