lunes, 11 de junio de 2012

Clases de Raya Yoga - Décima clase

Rev. Swami Vijoyananda

Con las tres clases de desapego, recordarán que Patányali nos dice que estamos preparados, ya, para comprender las distintas formas y los distintos estados de la concentración. Pero, antes de ir directamente a esa idea, tengo que darles una serie de datos, en especial, para los que han venido por vez primera.

Los 25 principios cósmicos


La escuela de Yoga sigue, en parte, la doctrina de la escuela de los Samkhyas.

Los Samkhyas tienen veinticinco principios cósmicos y los yoguis los aceptan. El primer principio es el Purusha, el Ser individual; es el único concepto que es no material. Los veinticuatro restantes son materiales, pero, en este caso, material significa físico y mental. Quiere decir que el Purusha es el único espíritu de los venticinco principios. Los principios materiales comienzan con Prakriti, que es la totalidad de la Naturaleza. Prakriti queda inmanifestada. Prakriti está compuesta por tres fuerzas o cualidades y existe un equilibrio entre las tres, estas son: Tamas (la fuerza inferior, la ignorancia, la inercia, la oscuridad, la ofuscación), Rayas (la actividad, el movimiento, el apego) y Sattwa (que es el controlador de las dos, la paz, la luz, la claridad, el entendimiento). Cuando hay equilibrio, cuando existe un estado de perfecta tensión entre estas tres cualidades, se dice que no hay manifestación.

La primera manifestación de Prakriti se llama Mahat, que es la misma Prakriti manifestada. Al manifestarse, la primera cosa que se produce es Buddhi, que se traduce como la facultad de determinar. Yo he pensado, últimamente, mucho, para traducir la palabra Buddhi. Buddhi está más allá del yo personal. Los Samkhyas tienen Buddhi después de su yo. Los yoguis lo ponen más arriba del concepto de yo. Así que Buddhi es el conocimiento en manifestación. Entonces vemos: 1°) Purusha. 2°) Prakriti en sus dos estados: Mahat cuando está manifestado y Prakriti cuando no lo está. 3°) Buddhi, la facultad y el instrumento de conocimiento. Después viene el concepto del yo personal o Ahamkara y luego la mente, como la facultad que recibe toda clase de impresiones; la gran receptora, denominada Manas.

Luego del concepto del yo o Ahamkara, directamente, vienen los cinco Tanmatras, es decir los cinco conceptos que forman el universo: el concepto del sonido, del tacto, del olfato, del color y la forma, y el del gusto.

El hindú prueba que el concepto es anterior a la percepción. Si uno no tiene previo concepto, no puede interpretar una percepción como tal. Por eso, de allí va directamente a los cinco sentidos u órganos de percepción, es decir los cinco centros nerviosos en nuestro cerebro. Si estos centros no funcionan, no podemos interpretar las percepciones.

Después vienen los cinco órganos de acción, que son: las manos, las piernas, la lengua, el ano y el órgano sexual. Luego siguen los cinco elementos: el éter, el aire, la luz, el agua y la tierra.

Estos son los veinticinco principios de la escuela de yoga.

¿Por qué he hablado de ellos? Porque ahora tenemos que hablar de la concentración profunda. ¿Y qué ocurre en la concentración?

Ustedes recordarán las tres clases de desapego o renunciamiento:

1. El efecto que viene a aquellos que han alejado su ser de los objetos. Lo que han visto u oído.

2. La voluntad de controlar los objetos.

3. La renunciación extrema en que se dejan hasta las cualidades de los objetos. Según Patányali es la más penosa.

Para un aspirante, o sencillamente, para una persona buena, no es tan difícil abandonar ciertos objetos o ciertas ideas que esa misma persona considera perturbadoras o molestas en su desarrollo natural. Pero dejar las ideas correspondientes es mucho más dificultoso. La persona que ya comprende las tres clases de desapego, está lista para comprender esto.

Patányali nos dice: “La concentración llamada ‘conocimiento verdadero’ es aquella que viene después del discernimiento, el razonamiento, la dicha y el completo desapego.” (YSP 1.17)

Tenemos que seguir la escalera construída por Patányali, porque es muy especial. Patányali era un maestro en la escuela de yoga, era un hombre de ciencia. El filósofo puede decir una cosa antes y otra después, y dejar a voluntad la intercalación, o el ordenamiento; pero el yogui tiene que dar una receta exactísima. Por eso, Patányali dice que después de razonar viene el discernimiento. Después viene la dicha y después el completo desapego, la limpieza absoluta de todo egoísmo.

Una persona ha oído que en la escuela de yoga hay veinticuatro principios que componen la Prakriti. También ha oído que existe aquello que se llama el Ser, y ha oído que uno puede llegar al estado del Ser. Además, si está preparado por lecturas, prácticas, etc., comprende que hasta que no ha llegado a ese estado del Ser, para él no hay liberación. Esta persona ha hecho algo más que leer y oír. Algo más que simplemente pensar: ha puesto en práctica. Entonces esta persona está próxima a un estado de conocimiento último, lo que Patányali había dicho que se consigue por medio de concentración. Y tiene preguntas. Después de haber sido preparado por lecturas, ahora él tiene un estado de concentración, pero tiene preguntas todavía. Tiene en su mente la idea de veinticinco principios; conoce ahora el agua, el éter, la luz, etc.

Todos ustedes, si han practicado meditación, habrán notado que en ese momento, viene un estado de sopor, de malestar. ¿De dónde cae todo ese sueño que estaba guardado o esos estados de lucha? La mente no quiere concentrarse sobre el objeto y la idea que preferimos; de allí el conflicto mental. Se levanta una serie de ideas y la mente no tiene el poder de pararla. Es una serie continua. Todo esto ocurre porque no hemos hecho abandono total del concepto de las cualidades.

Un objeto es la representación de algo que se ha materializado o que se está por materializar, de manera que uno puede decir: dejo esto o dejo aquello, pero es en vano, porque debe dejarse el concepto. La mayor parte de esa Prakriti ha quedado sin manifestarse. Habrá tomado un color, un sonido, un gusto. Esa es la parte densa, pero la otra parte ha quedado sin manifestarse, y es igual para todos. Ahí queda la raíz de todas las cualidades. Todas las cualidades vienen de la parte inmanifestada.

Por favor, les pido que presten atención a estos conceptos, porque son sumamente importantes. Un hombre está practicando. El no pertenece a ningún credo: no necesita ser hindú, cristiano, etc. Es un ser humano y eso basta. Y como ser humano, por naturaleza, ama el concepto absoluto. Viene una serie de ideas. La mayoría de esas ideas son malas. Parecidas, idénticas, pero no tienen una cosa bien definida. ¿Por qué?

Porque no hemos practicado esa clase de concentración que se llama “concentración con pregunta”. Yo no siento mi cuerpo; no tengo la idea de anterior ni de posterior; no tengo el concepto de deberes contraídos o por contraer. Surgen ideas. Hasta que no pueda conocerlas una tras otra, no hay posibilidad de tener la convicción de que la cualidad es muy importante; más importante aún que los objetos que tienen esas cualidades. Porque las ideas que se presentan son ideas de cualidades; es lo que ustedes comúnmente llaman como ideas abstractas. En ese período se razona. Para razonar uno debe tener conceptos bien claros del pro y del contra. A veces razonamos con afán y no tenemos la preparación debida de conceptos bien claros, razonamos con ideas que estamos practicando en parte. Así que es un período de concentración.

¿Por qué se llama concentración? Porque no sentimos nada exterior o no queremos sentir los deberes y responsabilidades anteriores. No hemos olvidado el tiempo ni el espacio, pero los tenemos bien detenidos. Ese es el momento oportuno para hacer preguntas; no dudas. Conseguido ese estado, es decir cuando podemos definir, podemos ver claro a cada idea por separado, aunque sean muy similares, casi idénticas; no importa, pero tenemos que conocerlas paso a paso. Entonces viene el segundo estado. Ese primer estado tiene un nombre: se llama Savitarka, que significa: con polémica. ¿Para qué? Para saber bien cuales son las ideas que están atravesando a mi estado de yo. Escuchen bien: a mi estado de yo. La mente receptora que recibía mensajes, no funciona. Si la dejamos funcionar irá a atender la puerta porque toca el timbre, o irá al teléfono que está sonando. Pero ahora no funciona.

¿Qué es el concepto de yo? Es una cosa momentánea, una fase mental. ¿Pueden ustedes decir “yo”, sin pensar, sin actuar?

Aquí, ante esa fase de la mente del yo, está pasando la silla. ¿Por qué? Porque ese yo quiere concentrarse. La mente no. ¿Por qué? Ella quiere tener noticias continuamente. En cambio el yo quiere concentrarse porque se prepara para tres clases de discernimiento.

La misma cosa ocurre en la siguiente etapa; pero ahora no hay tiempo ni espacio. El yo está ya despejado del tiempo. Por un espacio de tiempo ha olvidado su origen y no le molesta su fin. Ese yo, algún día tuvo su conocimiento en ese mundo físico y mental. Momentáneamente o por un tiempo largo olvida las dos paredes movedizas que lo han aplastado siempre. Lo han hecho individual, cuando su naturaleza es universal. En ese momento sigue esa serie de ideas.

Cada cosa es distinta o sigue una combinación. El período de combinación ya ha terminado. El no tiene en ese momento el concepto de los cinco elementos, ni de los cinco órganos de trabajo. Pero todavía surge una corriente. Entonces el no quiere más preguntas. Porque no tiene miedo. No tiene apuro, ni anda muy lentamente. Pasan las ideas. Su mente, su yo, se han tranquilizado suficientemente; ha adquirido el poder de observar el movimiento de la corriente de ideas. No dura mucho tiempo. El ya sabe cuales son las ideas y siempre son precisamente, las que constituyen un obstáculo en su vida de realización.

Quiero advertirles una cosa: los obstáculos en su primer período eran cosas malas, pero en este período no son malas ni buenas. Recién se da cuenta que bueno y malo son conceptos relativos. Lo que es bueno para uno en un momento “X”, no es bueno para un momento “Y” o para su vecino, que lleva otro concepto. A ese estado de la concentración se llama Nirvitarka. Después del estado de razonamiento puro, viene el período de discernimiento.

Conociendo las cosas como son, uno adquiere el derecho de decir si son reales o no. Conociendo como son, conocemos las cosas dentro del tiempo. En ese momento, el yogui está con Buddhi. Como órgano es el intelecto. Como substancia es el conocimiento. No hay más noticias del exterior. Nada más que la idea de real y no real. Con discernimiento. Los elementos y las materias para él no existen. Sus órganos de trabajo no funcionan. No hay necesidad de sentir los distintos goces, ni tiene que molestarse con los Tanmatras. La mente ya se está reuniendo en un solo estado. Aquí, también, por última vez, viene la idea de tiempo y espacio. La cuarta concentración, es donde el discernimiento no funciona más. No lo necesita más. No hay real ni irreal. ¿Entonces qué hay? Recién entonces viene el estado dichoso. Es la primera clase de Samadhi con sus cuatro subdivisiones.

Cuando se tiene por primera vez en la vida el verdadero concepto de dicha, se comprende que el ego no puede durar. Entonces él consigue la otra clase de Samadhi.

Patányali hace dos divisiones de samadhi:

1. Sampragñanta samadhi o samadhi de los conocimientos, donde hay preguntas del dominio del tiempo y del espacio y discernimiento sobre lo mismo. No existe más el intelecto; no existe más el conocimiento que siempre necesita un yo. Entonces, todo lo que era manifestado, se acaba. La Prakriti queda sin manifestarse. Queda el ego, nuestro enemigo, pero ya no tiene fuerza.
Sampragñata samadhi

2. Asampragñanta samadhi o samadhi sin conocimientos. El estado en el que no se necesita conocer más. ¿Qué va a conocer? ¿A quién va a conocer? El Ser no puede conocer al no ser, porque no existe.

Así que para llegar a este último estado se necesita cierto conocimiento del estado exterior. Por eso Patányali nos presenta el cuadro de los veinticinco principios.

No se ha hecho una más concisa ni más correcta definición de la existencia del universo físico o psíquico como la que se ha planteado. Esta es toda nuestra existencia. El Purusha está desconocido y por consiguiente está manejado por Prakriti. Hasta que no salimos de ese dominio, de esa atracción, no hay forma de despertar el deseo de conocer y ser el Ser. Pero, es necesario que lleguemos al yo individual poco a poco. En el cuarto período, en el estado de Nirvichara, cuando no hay discernimiento, ¿qué clase de concentración hay? El aspirante medita sobre la mente purificada. ¿Qué es eso? ¿Cuáles son las impurezas de la mente? Su deseo de conocer muchas cosas, sus impresiones de los cinco elementos, las conexiones con los cinco órganos de trabajo, y su deseo de conocer por los cinco sentidos. Pero, entonces, viene la pregunta: ¿quién medita? El yo. Ahí nos encontramos por primera vez con el yo, con el concepto de conocimiento: yo existo. Es el momento de discernimiento puro. No puede decir que esto es real o esto es irreal. No vayan a creer que lo real se queda y se va lo irreal. Se van los dos. Pero, se necesita la ayuda de lo real para eliminar lo irreal.

Para salir de la Prakriti, contamos con la ayuda de los tres gunas, o cualidades: manifestación, actividad y lo que hace retención, lo que no deja manifestación. Los gunas son conceptos purísimos, son cualidades.



Rev. Swami Vijoyananda
Décima clase - 19 de septiembre de 1944