lunes, 11 de junio de 2012

Clases de Raya Yoga - Undécima clase

Rev. Swami Vijoyananda
Continuamos el mismo tema de Samadhi o concentración profunda. Patányali nos explica la segunda clase de concentración profunda, el Asampragñata samadhi, como aquella concentración en la que uno se concentra únicamente sobre la mente purificada, en ese caso solamente, se adquiere la liberación. Antes vimos, primeramente la concentración con pregunta dentro y fuera del concepto de tiempo y espacio, luego la concentración con discernimiento dentro y fuera del tiempo y espacio, después la concentración en el yo purificado en el estado de Buddhi, quiere decir en ese estado del conocimiento puro, que lleva a diluirse en Aviakta, la Prakriti que no está manifestada. Ese estado, si bien es muy elevado, no implica la liberación. Los yoguis aseguran que en ese estado la liberación no viene automáticamente. La liberación no se adquiere si se prefiere ese estado.

Presten mucha atención a este tema porque es muy importante, al igual que el de la clase anterior.

“Meditar sobre la mente purificada.” (se refiere a YSP 1.18) Consideramos a la mente como purificada cuando no tiene ninguna idea mala o dañina, y al concebir “malo”, cada uno tiene una serie de ideas previas y de prejuicios. En todas partes del mundo los aspirantes espirituales de cualquier escuela o religión, tienen ciertas ideas que son comunes a todos: no matar, no dañar ni herir mentalmente a ningún ser viviente, no mentir. Después castidad. Los yoguis dicen que aún la gente casada, si quedan convencidos que por el camino del yoga pueden llegar a la liberación, de nuevo pueden practicar la castidad.

El yogui, practicando, toma las ideas una por una, en la segunda clase de concentración, y al conocerlas, esas ideas quedan sin la fuerza para volver. Las ideas nos molestan con sus fuerzas de atracción o de repulsión, porque no las conocemos bien. Cuando uno llega a conocer una idea, entonces ésta pierde su poder. Como no hay nada oculto en ella, el practicante continúa con la firme resolución de llegar a la liberación; ya ninguna idea tiene poder sobre él.

¿Qué es la purificación? Les dije ya, que los yoguis, como los buenos alumnos de ciencia, no dejan nada oculto. Pues bien. Todo trabajo de purificación que nosotros hacemos, ya sea purificarnos de ideas malas o dañinas, o controlarlas, consiste en taparlas, en hacerlas inefectivas. Pero se quedan ahí, permanecen. Sigamos: recordarán la palabra chitta, el inmenso depósito de impresiones, una de las cuatro fases de la mente (las otras son: la parte receptora o manas, el concepto del yo individual o ahamkara, y el intelecto o Buddhi). Es de este “almacén”, de chitta, de donde viene la memoria y de donde comunmente nace cualquier deseo; de donde sale todo. Así que, en la práctica de limpieza todas las ideas quedan adormecidas, y cualquier impulso exterior que ocurra en el tiempo y en el espacio, las puede hacer despertar. Y otra vez sigue la serie de nacimiento, crecimiento, sufrimiento, etc. Muchos de nosotros, los que hemos tratado varias veces de efectuar ciertas clases de control, hemos notado que una cosa que se hace sólo una vez, no queda bien acabada. ¿Por qué hay tentaciones para una persona que tiene buenos propósitos y está más o menos (digo más o menos), alerta. Porque las ideas no se mueren. Patányali dice: el árbol queda reducido a semilla. Pero en la semilla queda toda la potencia para volver a germinar. Por eso Patányali dice que debemos quemar esa semilla. El yogui conoce el dolor del nacimiento, el dolor de los esfuerzos, el dolor del crecimiento, el dolor de la no satisfacción de los deseos, el dolor de no aniquilar las malas ideas y el dolor de la muerte.

El yogui sabe que aún teniendo buenos deseos, su vehículo muestra incapacidad para llevarlo hasta el fin y lograr su propósito. El yogui es, sobre todo, un hombre completamente alerta. No deja pasar ningún momento en inutilidad; no permite ningún momento de estado nebuloso. Y quiere saber todo. Así que el yogui sabe dónde y cómo nacen y florecen todas las ideas. Y llega a ese estado de pensamiento tan profundo que es como un concepto de conocimiento, llega al concepto de “yo existo”, y dice: yo existo bien. Pero también piensa: no existo tan bien. Entonces ¿qué me habrá pasado? No crean ustedes que la fuerza de la memoria es una fuerza inútil. Un hombre vive en el campo mental lo que él mismo levanta. Y si llega a preguntarse: ¿quién existe? Entonces viene la parentela, los amigos, etc.

Pero, ¿cómo es la práctica para esta segunda clase de concentración? Muchos de ustedes habrán leído sobre prácticas, pero yo tengo que explicarles algo.

Imaginar significa idear (no piensen mal de la palabra imaginar). Imaginen en el momento de la práctica que su mente no tiene ninguna idea, ni siquiera la de la liberación. ¿Qué ocurre al imaginar? Cada uno se dice mentalmente: “no tengo ninguna idea”. De inmediato surgen muchas clases de ideas para dar una explicación de que “yo no tengo ninguna idea”. La mente purificada, vista y considerada exteriormente, es una existencia mental sin ninguna ola. No hay brisas ni piedras que provoquen olas. Entonces, en ese momento quiere establecer la idea: “no tengo ningún concepto”.

Patányali dice: Si podemos mantenernos en ese estado, ya estamos liberados.

Pero, puede ocurrir, según el Swami Vivekananda, que si no tiene la preparación necesaria caer en un estado de Tamas. Recuerden que la Prakriti antes de manifestarse (Aviakta) permanece en tres estados: Sattva, Rayas y Tamas. Y Tamas no permite a Sattva se manifieste, hace por que la mente quede oscura.

La mente vacía, Tamásica, produce sopor, y nos lleva al otro extremo, al sueño profundo, opuesto al Samadhi. Samadhi significa pura consciencia y en el sueño profundo también hay pureza, pero la diferencia es que uno es consciente y el otro es inconsciente.

Sattva es toda fuerza en potencia, Rayas toda fuerza en acción y Tamas toda fuerza de resistencia.

Ahora bien. Algunos se preguntarán: ¿Por qué no comenzar con la última práctica, en la cual se encuentra el estado de (si puede decirse), conocimiento supremo?. Y seguidamente dirán: Entonces yo voy a practicar. Luego de leer el libro, se sienta en la postura hindú o en una silla, a la occidental, y comienza a practicar. Lee que debe repetir la frase: “no existe nada en mi mente”. Puede ser que, con mucha suerte, dentro de cien años pueda llegar a comprender que en su mente no hay nada. Es por eso que hay que subir los peldaños de la escalera desde el principio.

Patányali era un gran maestro, y como todo gran ser, era misericordioso, entonces para aquellos que no están muy preparados y son atrevidos, les dice: si usted comienza por el final, lo que va a ocurrir es que surgirán ideas, lentamente o con toda fuerza, y si tiene suerte, podrá ver como van surgiendo las ideas. Entonces, Patányali nos da un martillo, un martillo mental. A cada idea que aparece le da un golpe en el centro de ella. Y la idea se desvanece. Sin embargo, yo no aconsejo a ninguno de ustedes que practique eso porque, en la mayoría de los casos, es pérdida de tiempo. Verán surgir algunas o muchas ideas, pero no una sola. El que puede tener una idea sola, por un minuto solamente, es un gran yogui, a él lo saludo. Patányali dice: el verdadero practicante que había conseguido purificar su substancia mental y permanecer como la conciencia pura, como “yo existo”, allí, en ese estado, si alguna de aquellas ideas que habían quedado en forma de semilla en Chitta surge (se la puede ver porque se hace consciente), se le da el “golpecito” y se la aniquila.

Quedando aniquilados los pocos conceptos o ideas, él queda como el conocimiento puro. Ya superó el reino de Prakriti. Ya no hay nada por manifestarse, no hay manifestación, ni la serie de veinticuatro principios. Prakriti se separa del Purusha. Ahora vemos que es el último principio, el número veinticinco. Nosotros lo sabemos por deducción. El yogui vuelve a ser eso, vuelve a ser consciente que es y siempre fue el Purusha.

Ustedes dirán: ¿Y Swami qué hacemos? Si llegan a ser eso yo les diré: Bailen, diviértanse. No hay ideas, no hay deseos. La bondad que era opuesta a la maldad ya no funciona. La maldad que cubría a la bondad tampoco funciona. La idea de los muchos no existe. ¿Es, acaso, la aniquilación? No. Únicamente llegando a ese estado el ser humano adquiere el derecho absoluto de hacer el bien. Antes hacía el bien, pero de un modo relativo. Todas las acciones buenas de una persona bien intencionada, producen cierta clase de mal. Ustedes habrán notado que todos los grandes maestros, exceptuando aquellos que fueron Encarnaciones Divinas, todos, han producido una mínima parte de acciones malas. La única persona que no hace ninguna cosa mal, es la que queda limpia del concepto de bueno o malo como dos ideas contradictorias. El hombre liberado es un valor, un “activo” para la sociedad humana.

Antes del Samadhi más elevado, él adquiere poderes sobrenaturales. Sobre esto les daré algunas ideas, porque sino la clase se vuelve muy seca. Es para atraerlos, como se hace con los clientes.

El que sabe el secreto de separar una idea de las otras, se vuelve maestro de todo lo que se llama materia. Un físico o químico, ¿por qué son maestros? Porque conocen todas las materias y las dominan, y todas las combinaciones. ¿Y por qué no las conocemos nosotros? Porque quedamos satisfechos con cualquier combinación. Somos utilitarios. Satisfecha la utilidad, queda satisfecha nuestra vida. La gente común, tiene su templo en el estómago, por eso quiere llenarlo con el Dios que se llama comida. Al comer ya están en Samadhi. Resuelto ese asunto, para él el mundo está bien. Pero, en cambio, hay otras personas que con el estómago semivacío o vacío, encuentran otra clase de tranquilidad. Levantan el templo en otra parte y quieren permanencia de su Dios; no quieren repetición. Los que adoran algo, quieren que sea de más duración, no se quedan conformes con el más o menos, y no permiten esa clase de inconsciencia, de infidelidad. La gente común es infiel por naturaleza, pero su belleza, para ellos, es la inconsciencia.

Para ellos el deseo de comer bien no está refinado. Comen sin conocer lo que comen, basta que coman. En nuestra orden decimos: si no tienes el poder de crear, de imaginar, de cambiar, y tampoco sabes pulir tus gustos, ¿crees que vas a comprender toda la belleza de la vida en contacto con Dios?

Es muy difícil ser fiel. La fidelidad cuando hay mucha gente es señal de buena educación. En ningún colegio podrán enseñar eso, únicamente se aprende en el hogar. Cuánto mayor es el número, más fácil es. Y ser fiel con mucha gente es fácil, porque se es parcialmente fiel. Pero, ser fiel con una sola persona, o con una sola idea es muy difícil. ¿Qué ocurre? Ustedes tienen que borrar todas sus ideas. El concepto de yo individual que quería sobreponerse, no existe. Es una lucha terrible. Ese es el período de Rayas, de toda actividad, de toda lucha. Y el que pierde en esa lucha, el que quiere llegar a ser el Purusha, pierde esta vida y tiene que volver de nuevo. Por eso se necesita preparación desde el comienzo, nadie está incapacitado, hay que comenzar y luego continuar.

Así que ustedes ven que para llegar a la última clase de Samadhi, al Asamprgñata samadhi, tenemos que comprender tres clases de desapego y después ponerlos en práctica. Luego poner en práctica cuatro clases de concentración. Y teniendo la mente casi pura, uno ya está capacitado para estar completamente despierto. Un ser humano en ese estado no solamente sabe la constitución minuciosa del organismo llamado universo, sino que sabe, también, la constitución de la materia psíquica que se transforma en fuerzas físicas y fisiológicas.

El hombre liberado no es una carga para la sociedad, es un tesoro, el valor más grande que puede tener. Y a eso quiere llegar el yogui.

Rev. Swami Vijoyananda
Undécima clase - 22 de septiembre de 1944