Mostrando las entradas con la etiqueta Gurú. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Gurú. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de noviembre de 2011

Devoción al Gurú

Rev. Swami Vijoyananda

El domingo 19 de enero de 2003, Swami Pareshanandaji Maharaj, habló de los devotos de la época de Swami Vijoyananda, fundador del Hogar Espiritual Ramakrishna, elogiando la devoción de muchos de ellos. Nombró a Emma, Don Duci, Elmer y especialmente a Juanita y expresó el deseo de tener grabados sus pensamientos.

Con ese fin fuimos a visitarla. Se me ocurrió que sería bueno para un devoto joven ver con sus propios ojos a un devoto tan mayor como Juanita (en esos momentos tenía noventa y cuatro años) como ejemplo de dedicación y fidelidad a su Gurú y a sus principios, con ese motivo le pedí a Gabriela una nueva devota joven muy cariñosa) que me acompañara y con todo gusto lo hizo. A pesar de su deterioro físico, la encontramos vestida de forma impecable y con total lucidez mental. No quiso que grabáramos, decía que tenía dificultad en hablar y que se sentía nerviosa.

La señora que la atendía en ese momento, nos sirvió un te y Juanita comenzó a hablar, recordando que en la década del cincuenta encontró en el diario un artículo de media página sobre el Ashrama de Bella Vista, se había celebrado una festividad muy importante a la cual había asistido el Embajador de la India, nombraban al Swami Vijoyananda y figuraba la dirección del Ashrama. Al leer ese artículo “pensé que ese era el lugar y la persona que estaba buscando”, según sus propias palabras. Pasaron dos o tres meses y un día (enero de 1958, coincidentemente se cumplían 45 años de esa fecha) decidió visitar ese lugar acompañada de su hermana y así lo hizo. “El portón de entrada era de madera como en el campo y bajo un gran árbol se veía unas personas alrededor de una mesa”, luego supo que eran: Swami Vijoyananda, María Elena (una devota que dedicó su vida al servicio de Dios y los devotos en el Ashrama) y Don Humberto quien también residía en el lugar.

Llamó haciendo sonar una campana y la atendió Don Humberto, quien le preguntó si tenía una entrevista, ella le dijo que no pero que si le pedía al Swamiji que le diera una fecha ella volvería. Don Humberto regresó y habló con el Swamiji que era la persona que estaba de espaldas al portón, y mientras escuchaba, el Swamiji, hacía un gesto con la mano sin mirar hacia atrás, para que entraran. “ Cuando hable con él sentí que me entendía” dijo la señora Juanita. Y agregó que en ese mismo momento le dio prácticas espirituales y le pidió que vuelva en tres días. “Desde ese momento cambió toda mi vida”, al poco tiempo el Swamiji le pidió que fuera todos los domingos y así lo hizo por muchos años.

“El Swamiji era muy cariñoso y de él emanaba una gran autoridad, él decía que el peor pecado era mentir y era muy estricto en la puntualidad”, y luego de un gran silencio cargado de emoción, agregó “Pero todo esto hay que sentirlo en el corazón, de lo contrario no tiene valor”. También dijo que la voluntad es muy importante.

A continuación relató algunos hechos de su vida que demuestran que en ella esa voluntad siempre estaba presente. A pesar de su avanzada edad y debilidad física, trasuntaba una gran firmeza interior y profunda sensibilidad. Tras su aspecto austero, diría monacal, se adivinaba una gran ternura.

Cuando nos retirábamos, con lágrimas en los ojos, nos pidió que volviéramos. En presencia de los sinceros devotos, se puede percibir, la maravillosa gracia del Gurú y que él es el Eterno Compañero . Swami Vijoyananda, el amante de la humanidad, al igual que una madre amorosa, vela siempre por el bien de sus hijos.

En febrero de este año, Juanita, la devota siempre impecable, falleció. Los que tuvimos la suerte de conocerla guardamos un especial recuerdo de ella. Era una artista y en todo lo que hacía mostraba ese don. Tenía un gran carácter, en la década del veinte cuando las mujeres ni soñaban en trabajar fuera de su casa ella, por quebrantos económicos de su hogar, salió a trabajar como dibujante publicitaria siendo una adolescente y así lo hizo durante toda su vida. Espíritu independiente, estricta pero no inflexible, devota dedicada y fiel. Seguramente que su Eterno Compañero la habrá recibido, como en aquellos años, con ese gesto tan significativo: ya te conozco y te estaba esperando.

martes, 30 de agosto de 2011

Swami Ramakrishnananda


Swami Ramakrishnananda


La pintura real del Swami Ramakrishnananda fue dada en mi libro “Días en un monasterio hindú”, pero ese retrato fue hecho a grandes rasgos, eliminando todo lo que no fuese atractivo o de interés tanto para orientales como para occidentales. Como, sin embargo, la perspectiva se profundiza y la figura viviente se vuelve difusa, cada detalle descartado alcanza nuevo valor y demanda ser registrado. Esta es la razón de estos tardíos recuerdos; ellos son ofrecidos como los últimos granos recogidos después que la cosecha principal fuese hecha.

Mi estrecha relación con el Swami se encuentra entre los recuerdos más preciados de la India. Ninguna palabra define con más exactitud al Swami que aquellas del Señor Gauranga: “Menos que una brizna de pasto, con la entereza de un árbol, sin buscar honores pero dando honor a todos”.

La humildad era fundamental para él, ésta era más que la mera ausencia de orgullo, era el resultado del olvido completo de sí mismo. No había lugar en su conciencia para otra cosa que no fuese el Maestro (Sri Ramakrishna). Lo que San Pablo dice en su epístola a los Gálatas: “Ya no soy yo sino Cristo que vive en mí”, describe perfectamente la actitud del Swami con respecto a sí mismo y a quien el llamó Gurú. El estaba muerto para sí mismo y vivo solamente en Ramakrishna.

Sus movimientos, su comida, su sueño , su trabajo y sus enseñanzas, su vida entera, estaban basados en la Voluntad del Maestro, nunca en sus propios deseos o conveniencias. Aquellos que lo vieron llevando el cuadro de Sri Ramakrishna, apretado contra su corazón, su cuerpo inclinado como protegiéndolo mientras caminaba a través de la lluvia, desde el vehículo hasta la entrada del nuevo monasterio en Mylapore, pudieron apreciar la ternura de su amor, el poder de devoción por su Gurú, el cual le había transferido su existencia. El podía decir de su Maestro como lo había dicho San Pablo del suyo: “La vida que ahora vivo en el cuerpo la vivo por la fe en el Hijo de Dios”.

Sus sentimientos fueron mostrados en estas palabras que me dijo un día: “Si estamos en un laberinto y alguien viene y nos dice: ‘Yo puedo mostrarle la salida’ ¿Qué hacemos nosotros? Lo seguimos y la gratitud que sentimos es lo que llamamos adoración y devoción. Esta persona es el Gurú y nosotros deberíamos seguirlo completa e incuestionablemente si queremos salir del laberinto”.

“El trabajo del Gurú se hace en unos minutos”, él dijo nuevamente, “mediante una pocas palabras el Gurú da un giro a nuestra vida, como cuando un hombre esta andando en bicicleta, alguien ve que el camino que está siguiendo lo llevará a un peligro, por lo tanto le cambia la dirección, el hombre continúa pedaleando como antes, sin detener su marcha pero ahora se aleja del peligro en vez de acercarse. El trabajo del Gurú es guiarlo al lugar correcto”.

El Swami no daba cuartel al egoísmo, para él espiritualidad significa abandono del ego, aquellos que siguen la vida espiritual no deben tener concesiones con el ego. “Cuando el hombre se impone como tal, comete toda clase de atrocidades, cuando Dios actúa en el hombre, éste es puro, bueno y virtuoso. Trata de sentir a Dios dentro tuyo y superarás todo egoísmo”. Este era su consejo.

Por Sister Devamata