martes, 30 de agosto de 2011

Complacer a Dios



Hay un relato sobre un joven monje que viajaba. Cuando se cansó, se echó bajo un árbol. Como no tenía almohada tomó unos pocos ladrillos y apoyó en ellos su cabeza. Algunas mujeres iban por el camino para obtener agua del río. Cuando vieron al monje allí echado, se dijeron entre ellas: ‘Mirad...ese joven se hizo monje y todavía no puede estar sin la idea de una almohada. En lugar de ésta tiene que tener ladrillos’.

Siguieron su camino y el monje dijo para sí: ‘Tienen mucha razón de criticarme’. Por lo que tiró los ladrillos y se echó de nuevo, con la cabeza sobre la tierra. Al poco rato volvieron las mujeres y vieron que los ladrillos habían desaparecido; y exclamaron desdeñosamente: ‘¡Linda clase de monje! Se siente insultado porque dijimos que tenía una almohada. Mirad, ahora...¡ha tirado su almohada!’.

Entonces el monje pensó: ‘Si tengo una almohada la gente me critica; y si no tengo una almohada, eso tampoco le agrada. No se la puede complacer; permítaseme procurar complacer sólo a Dios’.

Del libro ‘El Sermón del Monte según el Vedanta’ de Swami Prabhavananda