domingo, 4 de septiembre de 2011

¡Despierta Héroe! (utha viro)


Dice Sri Ramakrishna: Un día, estando absorto en un estado de samadhi, vi que la mente estaba subiendo más allá del reino fenomenal del universo físico; de la tierra, de la luna, las estrellas; hasta del sol, y entró en el reino de las ideas sutiles. 

En su ascenso la mente pasó la esfera de las sutilísimas formas de las divinidades y cruzó la luminosa barrera que separa a lo Absoluto de los conceptos y aspectos de la manifestación. 

Al fin la mente entró en el trascendental reino de lo Indivisible. Allí vi a siete rishis, sabios del Supremo Conocimiento, sumergidos en la más profunda meditación. Pensé que en sabiduría espiritual y santidad cada uno de esos rishis debía haber superado aún a muchas deidades. 

Cuando así admiraba la enorme espiritualidad de los rishis vi que una porción de lo Absoluto Indivisible pareció congelarse y tomó la forma del Niño Divino. El Niño subió sobre el regazo de uno de esos grandes seres y abrazando su cuello con sus tiernas manitos susurró algo a su oído.

Por el dulce y místico contacto del niño, el rishi dejó de meditar y fijó sus semiabiertos ojos sobre el maravilloso Niño. Quien con gran alegría dijo lo siguiente: Voy a descender a la tierra. ¿No quieres venir conmigo?. Con la mirada divina el sabio dio su asentimiento y de nuevo entró en el estado de meditación. Con gran sorpresa vi que una pequeña porción de la existencia de aquel rishi, tomando una forma luminosa, descendió en el hogar de la familia de Naren (Vivekananda).

Cuando Sri Ramakrishna vio por primera vez a Vivekananda, enseguida lo reconoció como la encarnación de ese sabio de la maravillosamente mística visión y admitió que el Divino Niño era El mismo.