sábado, 17 de septiembre de 2011

El amor es el aceite

Editorial



Es natural, en todos nosotros, el deseo de ser felices, la búsqueda de placer y gratificación, y del mismo modo, es el rechazo por lo contrario: el sufrimiento. Con esta fuerte tendencia vamos transitando por la vida con la ilusión de poder, de alguna manera, evitar todo dolor y lograr la felicidad y libertad permanente; no lo logramos y así la frustración y desilusión aumentan, en vez de detenernos a reflexionar y a tratar de entender qué nos ata y dónde debemos buscar la verdadera felicidad, continuamos la obstinada lucha con "los molinos de viento".

Swami Pareshananda dijo: "La completa desilusión en el corazón es el preludio para una más elevada iluminación espiritual, especialmente donde hay amor por el Señor, entrega a El". 

El creciente disgusto será nuestro mejor aliado, en la medida en que entendamos lo que dijo Swami Vivekananda: "Sábelo, el esclavo acariciado o azotado, esclavo es y nunca libre, porque los grillos no atan menos por ser de oro". El ideal de felicidad y libertad que tenemos nosotros es una cadena de oro. Swamiyí también dijo: "El deber rara vez es agradable. Sólo cuando el amor aceita sus ruedas, se desliza suavemente, de otro modo es una constante fricción". Seamos conscientes o no, existe esta fricción en nuestra relación con el Señor: si todo va bien con nosotros, lo queremos; si algo anda mal, me enojo y ya no lo quiero.

Tendremos que esforzarnos por aceptar el hecho indefectible de que debemos abandonar la prisión, no importa cuánto nos hayamos acostumbrado a ella, si queremos ser libres y que, sea dolorosa o no, la ayuda siempre viene de Dios. Es Él quien quiere vernos libres y dichosos.

Logrando ese indispensable aceite, el amor, llegará el día en que en medio de las contradiccio­nes, frustraciones y pesares podremos exclamar con un gozoso corazón: ¡Qué se cumpla Tu voluntad!