domingo, 28 de agosto de 2011

Fidelidad

Editorial



Muchas veces hemos leído, escuchado y reflexionado sobre cómo debe ser un verdadero Maestro espiritual, pero muy pocas veces nos detenemos a pensar con seriedad sobre cómo debe ser un verdadero discípulo.

Swami Pareshananda, en su libro: "Ramakrishna, Vivekananda, Vedanta", dice: "El éxito en la vida espiritual depende esencialmente de la calidad del aspirante. Las condiciones externas como lugar, tiempo, son sólo subsidiarias" y tam­bién dice: "Es importante mantener el espíritu de discí­pulo, aunque es difícil. No es posible manifestar la conciencia espiritual sin someter al ego".

Se dice que un discípulo puede compararse a un perro, el cual sea bien o mal tratado, permanece echado a los pies de su amo; esto nos sugiere la idea de fidelidad y entrega, dos virtudes indispensables en la relación Gurú-discípulo y con las cuales muy pocos podemos decir que contamos.

¿Por qué es difícil la fidelidad? Buscando en el diccionario las distintas acepciones de esta palabra, encontramos una que es muy significativa: constancia en el cariño.

A medida que transcurre el tiempo nuestro Preceptor espiritual nos va induciendo a comprender que la naturaleza de nuestro cariño, por elevado que parezca, no es amor puro; es apego, o sea atracción, con su reverso inseparable: el rechazo. ¿Por qué es tan enfático sobre este punto? Porque sabiendo esto recordaremos que mientras todo vaya bien con nosotros sentiremos cariño, pero ante la menor contradicción, frustración o situación desfavorable, se levantará una tremenda ola de rechazo y con facilidad, obedeciendo a esa reacción, podremos cometer el grave error de escapar. Nos está enseñando a ser vigilantes y conscientes de nuestras limitaciones.

Swami Vivekanada dijo: "Ve donde te vapu­leen el ego". Si podemos soportar que nuestro ego sea vapuleado una y otra vez, nuestro cariño se irá purificando, aumentará nuestra confianza y se gene­rará en nosotros la fuerza necesaria para que, pese a las grandes dificultades, podamos tener constancia en el cariño y, como el perro, permanecer echados a los Benditos pies del Amo.

Debemos tener presente que si no somos lea­les con nuestro Maestro ¿cómo podremos decir que somos leales con nuestro Ideal?.

Se dice que el Maestro espiritual actúa como un "casamentero", hace todo para ayudarnos en la difícil y muchas veces dolorosa tarea de someter nuestro ego a la Voluntad de Dios.