lunes, 21 de mayo de 2012

Dios no juega a los dados

Albert Einstein

El saber humano está confinado, por así decirlo, a una meseta simbólica. Si nos acercamos al borde del saber encontramos un precipicio que al parecer es infranqueable. Pero los pocos audaces que lograron llegar allí, luego de mucha concentración y estudio, encuentran que las ciencias tan concretas como la física o la química sufren unacuriosa metamorfosis para convertirse en una filosofia especulativa, o lo que es peor aún (para el caso de los realistas y pragmáticos), en una etérea elucubración metafísica. La meseta de los antiguos griegos era pequeña y se llegaba rápidamente y sin mucho esfuerzo al borde aludido. Por eso eran esencialmente filósofos y metafísicos antes que científicos. A medida que el saber material se fue incrementando y expandiendo, el hombre común se fue alejando más y más de los bordes del saber. Por ende, tuvo que conformarse con la información recolectada por los que llegaron antes, aceptando de esta forma una cosmovisión ajena como un axioma válido de partida. De modo que relegó todo cuestionamiento sobre veracidad del saber recibido. Robusteciendo de esta manera la cosmovisión heredada, que en sí es parca y limitada; sobre todo en los orígenes de la realidad circundante. Es por este motivo, que los pragmáticos y empíricos fueron ganando terreno, y con ello la tecnología fue ganando cada vez más importancia sobre la ciencia pura, lo que vale decir: la utilidad comenzó a sobresalir sobre el sano deseo de saber por saber.

La loca carrera que estamos presenciando en estas últimas décadas de desenfreno tecnológico, ha acelerado en forma alarmante todo tipo de cambio. Hay, pues, así, una evidente aceleración de la historia, ya que por medio de la tecnología, los muy pocos privilegiados pueden hacer mucho más en mucho menos tiempo, que la mayoría sumida en el atraso. Los que están alejados de este frenesí tecnológico son meras hojas arrastradas por las violentas olas de cambio, que al parecer golpean sin dirección alguna. ¡Pobres hojitas náufragas descartadas por los criterios de utilidad y ganancia! Por otro lado, los actores y generales de las batallas tecnológicas viven (si así lo podemos llamar), 'surfiando' las belicosas olas del cambio, que caprichosamente los arrojan donde menos lo esperan, a veces en fugaces playas elíseas y otras en el ojo de la tormenta, que los lleva a una total e inevitable destrucción.

Esta visión apocalíptica, como la de tantas otras épocas parece presagiar un fin próximo ineludible. Pero, ¿no quedó Atila, el azote de Dios, a medio camino? ¿O no quedaron los imparables turcos varados en el milagro de Lepanto? Y, ¿no fueron destronados los terribles demonios modernos llamados Hitler y Stalin? Los presagios de los futurólogos de hoy como los de ayer, sólo cuentan con la mitad del cuento, pues ellos se basan en los hechos que ven y sienten del mundo material para alimentar y robustecer sus visiones.

El matemático bien sabe que por unos pocos puntos fijos pueden pasar infinitas funciones, así pues, sólo con las crónicas del pasado y del presente, poco o nada se entenderá del cuento real, pues hay una dimensión que se escapa de todo lo material. Einstein, sin duda fue una de las mentes más despiertas de nuestro siglo. Por los años treinta discutía con un grupo de grandes científicos, al borde del abismo de la meseta del conocimiento. En general, la postura filosófica de nuestra época es agnóstica y muy escéptica y muy, muy alejada de toda metafísica espiritualista, a la cual la consideran una debilidad humana. Son más bien partidarios fervientes de un mundo material como un único todo, y que nada hay más allá de esto. Ahora volvamos a la famosa discusión aludida, que era tan antigua como el hombre: Determinismo versus caos. Pero esta nueva versión de la confrontación venía con todo el aporte de la teoría cuántica que intenta explicar al mundo como un producto de las leyes del azar. Einstein, por su parte, estaba profundamente convencido que la historia recorre caminos bien determinados y no caprichosos juegos de un destino ciego, sordo y mudo. Al ir subiendo el tono de la discusión, Einstein en franca minoría cortó el debate con su consabida frase: "Yo no creo que Dios juegue a los dados".

El pensamiento de Einstein en este sentido lo podemos sondear en esta frase dicha por él mismo: "Es suficiente para mí, contemplar el misterio de la vida, consciente, perpetuándose a través de toda la eternidad; y reflexionar sobre la maravillosa estructura del universo, tal como débilmente podemos percibirlo y tratar humildemente de aceptar aunque sea, una infinitesimal de la inteligencia manifiesta en lanaturaleza". 

Hoy en día la teoría del 'big bang' que tanto los excita a nuestros científicos contemporáneos sigue arrastrando el mismo viejo problema de siempre: El primer principio es una energía tonta o es consciente de sí misma y de toda su creación. La primera alternativa nos habla de un universo caótico regido por las reglas del azar y, en consecuencia, es sólo un accidente de un juego inconcebible. El corolario de esta forma de pensar es la desesperanza y un despropósito vital. Sentir claramente manifestado en los existencialistas y filósofos agnósticos de nuestra época. La tragedia aquí es que no hay salida alguna, pues toda consciencia está irremediablemente condenada a una extinción segura y completa. ¿El enrolarse en esta postura, no es una forma de suicidio? Porque en cierta manera, quien se quita la vida lo hace buscando olvid y alivio en el 'no ser'.

Ciertamente esta nunca fue la postura de Einstein quien declara abiertamente: "Los grandes científicos de todos los siglos de nuestra civilización, han rendido tributo en cierta medida al Poder o Principio detrás del universo, la titánica fuerza Primordial que todavía nutre la creación" ... "Mi religión consiste de una humilde admiración por el ilimitable espíritu superior, que se revela en los más nimios detalles que nosotros podemos captar con nuestras mentes débiles y frágiles... ".

La mayoría de los científicos evitan en sus escritos y discursos la palabra Dios, principalmente por lo que explica sabiamente Swami Vivekananda: Para el mundo científico, toda explicación plausible de un fenómeno debe evitar causas externas al sistema en sí. Pero Einstein en esto fue una asombrosa excepción; a pesar de ser considerado por algunos como un ateo, usaba muy a menudo en sus discursos la palabra Dios, pero a la vez escapaba del rígido Dios teológico. Él decía: "Tenemos que ir más allá del límite de los sentidos para descubrir la profunda unidad subyacente en el mundo de la multiplicidad, el cual ha sido comparado al precio de vacuidad de contenido". Esta forma de pensar armoniza bien con lo dicho por Ramakrishna: "A medida que uno se va acercando al Ser Universal, nuevas y má grandes son las revelaciones de Su infinita naturaleza hasta que, al final, uno se sumerge en Él por la consumación del conocimiento".

Swami Vivekananda

El pensamiento de los Rishis, manifiesto en los albores del pensamiento humano, sostenía que el universo todo, evolucionaba de la inteligencia misma y que de ella se nutría y se sustentaba. Para ellos, la inteligencia o conciencia es lo siempre existente, que al igual que la energía, puede tomar diversas formas pero nunca puede extinguirse o perderse. ¿Díganme, amigos, no es ésta en verdad El la buena noticia? Es más, diría que es la fuente misma del amor y de toda ética.

Podemos definir a la materia como: La substancia constitutiva del universo o como aquello que es percibido por los sentidos y conocido por la inteligencia, o lo que es llamado por otros, como Yo o espíritu. Definida así, la materia es siempre objetiva y, por otro lado, el Y o o el espíritu es siempre subjetivo (la dimensión perdida que aludimos antes); pues es sólo el espíritu el que puede percibir y conocer. Estos dos componentes existen uno en relación con el otro, el mundo material es sólo la mitad objetiva y el espíritu es la mitad subjetiva.

Es por esta razón que la teoría materialista, que sólo admite la existencia del mundo objetivo, negando la existencia de un componente espiritual; es unilateral e imperfecta. Lo es así, por el simple hecho que no se dan cuenta que la materia existe simplemente porque hay alguien o un sujeto que lo percibe. Pues una consciencia perentoria, en un universo material eterno es una negación de la conciencia misma; porque la conciencia misma como la vivimos diariamente, es en sí la continuidad temporal del pensamiento. Volviendo a la definición materialista de que la materia es la causa de toda percepción, de esta forma de pensar debemos admitir, que es la materia misma la que gradualmente produce a aquello que percibe; esto es sin duda un pensamiento desprolijo, es como un perro que persigue su propia cola.

Está también la posición de los idealistas, que niegan la existencia del mundo material, como por ejemplo Berkeley o los creyentes de la Ciencia Cristiana. Esta es también una posición extrema tan inconsciente como la de los materialistas, pues, que me expliquen, ¿cómo se puede percibir lo inexistente? Y como materialistas persiguen una 'cola' inalcanzable.

Ramakrishna, con su genial sencillez, explica la intrincada teoría de Ramanuya y dice así: "Según esta teoría, Brahman o lo absoluto, es calificado por el universo y sus seres vivientes, juntos constituyen Uno. Toma, como ejemplo, una fruta de bel; un hombre quería conocer el peso de la fruta, separó la cáscara, la pulpa y las semillas. Pero, ¿es posible obtener el peso, pesando solamente la pulpa? Debemos pesar la pulpa, la cáscara y las semillas; todo junto. Al principio, parece que la cosa real de la fruta es la pulpa y no sus semillas o cáscara. Luego, mediante el razonamiento encontramos que la cáscara y las semillas pertenecen a la misma cosa a la que pertenece la pulpa. Del mismo modo, en el discernimiento espiritual, hay que empezar razonando así, siguiendo el método de 'esto no, esto no': Dios no es el universo; Dios no es los seres vivientes; sólo Brahman es real y todo lo demás irreal. Luego uno se da cuenta, como con la fruta de bel, que es de la realidad que extraemos la noción de Brahman y es la misma Realidad la que desenvuelve las ideas de seresvivientes y el universo. El Nitia (lo absoluto) y la Lila (lo relativo), son los dos aspectos de una misma única Realidad ... ".

Sri Ramakrishna

Para Ramakrishna, los ignorantes son aquellos que desconocen en absoluto la verdad que hemos enunciado y lo explica de la siguiente manera: "Los ignorantes son como la gente que vive en una casa de adobe. Hay poca luz adentro y no pueden ver nada afuera. Pero aquellos que entran en el mundo después de alcanzar el conocimiento de Dios, son como gente que vive en una casa de vidrio; pues para ellos hay luz dentro y fuera. Pueden ver las cosas tanto dentro (lo subjetivo) como lo de afuera (lo objetivo)".

Esta manera de vivir la Realidad, nos da una y visión enteramente distinta y podemos decir espe- ranzadamente: Dios, ciertamente no juega a los dados; pues fue, es y será siempre Uno con su creación. La pregunta será: ¿Cómo vivir esta Realidad? Para Sócrates la fórmula es: Conócete a ti mismo. Para Jesús es: Niégate a ti mismo, carga tu cruz y sígueme. Y finalmente Ramakrishna es quien nos pregunta y enseña: "Dios te ha puesto en el mundo. Entrégale todo a Él. Ríndete a sus pies y no tendrás más confusión. Sólo entonces comprenderás íntimamente, que es Dios quien lo hace todo. Todo depende de Él".


por Lic. José Manuel Astigueta
Investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica
Conferencia pronunciada  en  la celebración del centenario  de Ramakrishna Mission. 1897.1997