jueves, 17 de mayo de 2012

Como la hoja de loto



Con el sentido posesivo viene el egoísmo y el egoísmo desemboca en el sufrimiento. Cada acto y pensamiento egoísta nos ata a alguna cosa, e inmediatamente nos convertimos en esclavos, y cuando más digamos yo y mío más aumenta la esclavitud y más la aflicción. Por lo tanto, el karmayoga nos enseña a disfrutar de la belleza de todos los cuadros del mundo, pero sin identificarnos con ninguno de ellos. Nunca digáis mío. Siempre que digáis tal cosa es mía, el sufrimiento vendrá inmediatamente. Ni siquiera digáis hijo mío mentalmente. Poseed el niño, pero no digáis mío. Si lo hacéis vendrán las desdichas. No digáis mi casa y mi cuerpo. Toda la dificultad está aquí. El cuerpo no es vuestro, ni mío,ni de nadie. Los cuerpos vienen y van por las leyes de la naturaleza, pero, nosotros somos libres, estamos como testigos. Este cuerpo no es más libre que un cuadro o una pared. ¿Por qué hemos de ligamos tanto al cuerpo? Si alguno pinta un cuadro lo termina y se va. No proyectéis ese tentáculo del egoísmo: yo debo poseerlo. Tan pronto como se proyecte comenzará la desdicha.

Por tanto, el Karmayoga dice: destruid primero la tendencia de proyectar ese tentáculo del egoísmo, y cuando tengáis el poder de refrenarlo, mantenedlo sujeto en lo interno y no permitáis que la mente tome de nuevo los caminos del egoísmo. Entonces podréis salir al mundo y trabajar todo lo que podáis. Frecuentad cualquier lugar; id a donde os plazca; nunca seréis contaminado por el mal. Hay una hoja de loto en el agua; el agua no puede tocarla ni adherirse a ella; así seréis vosotros en el mundo. Esto se llama vairagya, serenidad de ánimo y desapego. Creo haberos dicho que sin desapego no puede haber yoga de ninguna clase. El no ligarse a cosa alguna es la base de todos los yogas. 

He aquí los dos métodos para liberarse de toda ligadura. Uno es para aquellos que no creen en Dios ni en ninguna ayuda externa. Se hallan librados a sus propios recursos y planes, tienen que actuar movidos simplemente por su propia voluntad, con los poderes de su mente y su discernimiento, diciendo: Debo ser desapegado. Para los que creen en Dios, hay otra manera que es mucho menos difícil. Ofrendan los frutos de su acción al Señor, trabajan y nunca quedan ligados a los resultados.

Cualquier cosa que vean, sientan, oigan y hagan es para ÉL. Por cualquier acción buena que hagamos no tenemos que reclamar ninguna alabanza ni beneficio. Es del Señor; dejemos los frutos para Él. Permanezcamos apartados y pensemos que somos servidores que sólo obedecemos al Señor, nuestro Amo, y que todo impulso que nos mueve a la acción lo recibimos de Dios en todo momento. Todo lo que adores, todo lo que percibas, todo lo que hagas, ofrécelo al Señor y quédate tranquilo. Estamos en paz, en perfecta paz con nosotros mismos y entreguemos al Señor todo nuestro cuerpo y mente y todas las cosas como un sacrificio eterno. En vez de hacer el culto con ablaciones en el fuego, haced este gran sacrificio día y noche: el sacrificio de vuestro pequeño yo.

Buscando las riquezas de este mundo, Tú eres la única riqueza que he hallado; entrego a Ti como ofrenda mi pequeño yo. Al buscar alguien a quien amar, Tú eres el único bienamado a quien hallé, entrego a Ti como ofrenda mi pequeño yo. Repitamos esto día y noche y digamos: Nada quiero para mí. Renunciemos a nuestro aparente yo hasta que esto llegue a ser un hábito, hasta que penetre en la sangre, en los nervios y en el cerebro. Id entonces al campo de batalla y en medio del tronar del cañón estaréis libres y en paz. 


Swami Vivekananda
Del libro "Karma-Yoga"