miércoles, 19 de diciembre de 2012

Navidad, tiempo de reflexión

"El canto de los Ángeles" obra de William Bouguereau

Editorial

Diciembre, el mes en que se celebra el nacimiento del Bendito Señor Jesús, es un tiempo en que, a pesar de las frivolidades propias de las fiestas, regalos, comidas especiales, proximidad de fin de año y proyectos de vacaciones; sentimos un llamado a la reflexión, al examen de conciencia y a la necesidad de proponemos resoluciones beneficiosas para nuestro espíritu.

Recordemos una vez más las palabras de Swami Vivekananda en las que, con su notable admiración y reverencia, resalta la grandeza de Jesucristo: Recuerden al hombre en la cruz. Él pudo haber traído legiones de ángeles para la victoria, pero no opuso resistencia. Tuvo piedad de quienes lo crucificaron. Soportó cada humillación y sufrimiento. Tomó el peso de todos sobre sí mismo: "Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar". ¡Cuán alto estaba por sobre esta vida, tan alto que no podemos entenderlo, nosotros esclavos! Tan pronto como un hombre me abofetea, mi mano devuelve el golpe. ¿Cómo puedo comprender la grandeza y la bienaventuranza del Glorioso? ¿Cómo puedo ver su Gloria?

Sabemos que el instrumento que nos permite llegar a la conciencia espiritual es la mente, cuya morada es el corazón. También sabemos que la mente, cual un espejo, si está cubierta de polvo no puede reflejar la luz. Por lo tanto nuestra gran tarea en esta vida es tratar de purificar nuestra mente. Hay un antiguo dicho entre los hindúes, en el cual se compara a la mente de las personas comunes con una mosca, la cual se posa tanto en una flor como también en desperdicios y materias en descomposición; y a la mente de los seres espirituales con la abeja, la cual sólo goza libando el néctar de las flores. El trabajo es transformar nuestras tendencias de mosca en abeja.

El comentarista alemán Angel Silesio dijo: "Cristo puede nacer mil veces en Belén, pero si no nace de nuevo dentro de tu corazón, permanecerás eternamente abandonado".

¿Qué podemos proponemos en esta Navidad? Que el dulcísimo Niño nazca en nuestro corazón. Dejemos de pedir, de posarnos aquí y allá, de ver faltas en los demás. Es tiempo de vaciar el corazón de las pequeñas cosas sin valor para poder atesorar al único Tesoro. 

Dijo el Hermano Lorenzo: A fin de conocer a Dios, debemos pensar a menudo en Él, y cuando lleguemos a amarle, entonces también pensaremos a menudo en Él, porque nuestro corazón estará con nuestro Tesoro.