sábado, 8 de diciembre de 2012

La Navidad y la Orden de Sri Ramakrishna

"La adoración de los pastores" óleo de Bartolomé Esteban Murillo

Uno de estos discípulos de Sri Ramakrishna fue mi maestro, el Swami Brahmananda. Aunque él no era un estudioso de la Biblia, por su propia experiencia espiritual enseñaba en gran medida, del mismo modo que Cristo lo hiciera, y con frecuencia usaba casi las mismas palabras. Mi maestro había visto a Cristo en visión espiritual, y todos los años celebraba la Navidad ofreciendo un culto especial a Cristo, costumbre que se ha observado en todos los monasterios de la Orden de Ramakrishna hasta el día de hoy. En estas ocasiones, ofréndanse frutas, pan y pastel, según nuestra usanza hindú. A menudo hay una disertación sobre Cristo; o se lee el relato de la Natividad o el Sermón del Monte. 

Una de estas celebraciones navideñas, la primera a la cual asistí. tuvo gran relación con lo que Cristo significa para mí. Tuvo lugar en 1914, en el Math de Belur, cerca de Calcuta, donde está situada la sede central de nuestra orden. Yo había viajado al monasterio precisamente pocos días antes. En la Víspera de Navidad, nos congregamos ante un altar en el que se había ubicado un cuadro de la Virgen y el Niño. Uno de los monjes mayores celebró el culto con ofrendas de flores, incienso y comida. Muchos discípulos de Sri Ramakrishna asistían al servicio, entre ellos mi maestro, que era el presidente de nuestra orden. 

Mientras estábamos sentados en silencio, mi maestro dijo: "Meditad en Cristo por dentro, y sentid su presencia viva". Una intensa atmósfera espiritual penetró la sala de culto. Nuestras mentes se elevaron, y nos sentimos transportados dentro de otra consciencia. Por primera vez comprendí que Cristo era tan nuestro como Krishna, Buddha y otros grandes maestros iluminados a quienes reverenciábamos. Como hindú, desde la niñez me habían enseñado a respetar todos los ideales religiosos, a reconocer la misma inspiración divina en todas las diferentes fés. Así, yo jamás podría haber considerado extraño a Cristo como expresión manifiesta de la divinidad. Pero para una experiencia viva y personal de él yo necesitaba la elevación tangible de la consciencia resultante del culto en esa memorable Víspera de Navidad. 

Durante muchos años ha existido una íntima conexión espiritual entre Cristo y mi orden monástica, que empieza con su fundador, Sri Ramakrishna, a quien se acordara culto divino durante su vida y que, desde su deceso, en 1886, ha recibido creciente reconocimiento en la India como una encarnación de Dios. De los muchos santos y maestros iluminados en la historia de la Vedanta, Sr¡ Ramakrishna expresó en su vida, en un grado mayor que cualquier otro maestro, la idea de la universalidad y la armonía religiosas. No sólo experimentó las disciplinas de sectas divergentes dentro del hinduismo sino también las del mahometanismo y del cristianismo. A través de cada sendero religioso él logró la realización suprema de Dios, y así pudo proclamar con la autoridad de la experiencia directa: "Tantas religiones, tantos senderos para llegar a una misma meta". 

Fue hacia 1874 que Sri Ramakrishna se interesó activamente por el cristianismo. Un devoto que acostumbraba visitar al Maestro en el jardín del templo de Dakahineswar, cerca de Calcuta, le explicaría la Biblia en bengalí. Un día, mientras Sri Ramakrishna estaba sentado en la sala de recibo de la casa de otro devoto, vio un cuadro de la Virgen y el Niño. Absorto en la contemplación de este cuadro, vio que de pronto cobraba vida y refulgencia. Un amor extático por Cristo llenó el corazón de Sri Ramakrishna, y llegó hasta él la visión de una Iglesia cristiana en la que los devotos quemaban incienso y encendían cirios ante Jesús. 

Durante tres días, Sri Ramakrishna vivió bajo el hechizo de esta experiencia. Al cuarto día, mientras caminaba por un soto de Dakshineswar, vio a una persona de sereno continente que se acercaba con su mirada fija en él. Desde los meandros más recónditos del corazón de Sri Ramakrishna le llegó la realización: "Este es Jesús, quien derramó la sangre de su corazón para la redención del género humano. Este no es otro que Cristo, la encarnación del amor". Entonces, el Hijo del Hombre abrazó a Sri Ramakrishna y entró en él, y Sri Ramakrishna entró en samadhi, el estado de consciencia trascendental. Así, Sri Ramakrishna se convenció de la divinidad de Cristo. 

Poco después de la muerte de Sri Ramakrishna, nueve de sus jóvenes discípulos se congregaron, en una noche de invierno, ante un fuego sagrado para tomar sus votos de renunciamiento formal: de allí en adelante iban a servir a Dios como monjes. Su jefe, el futuro Swami Vivekananda, narró a sus hermanos el relato de la vida de Jesús, pidiéndoles que ellos mismos se convirtiesen en Cristo, que se comprometiesen a ayudarle en la redención del mundo, y que se negasen a sí mismos como Jesús lo había hecho. Después, los monjes descubrieron que esta noche había sido la Nochebuena cristiana -una ocasión muy propicia para sus votos. 

Así, desde los primeros días de nuestra orden, Cristo ha sido honrado y reverenciado por nuestros Swamis como uno de los más grandes maestros iluminados. Muchos de nuestros monjes citan las palabras de Cristo para explicar e ilustrar las verdades espirituales, percibiendo una unidad esencial entre su mensaje y el mensaje de nuestros videntes y sabios hindúes. Como Krishna y Buda, Cristo no predicó un mero evangelio ético o social, sino un evangelio incomprometidamente espiritual. Declaró que Dios podía ser visto, que la perfección divina podía ser lograda. A fin de que los hombres pudieran alcanzar esta meta suprema de la existencia, enseñó el renunciamiento a la mundanalidad, la contemplación de Dios, y la purificación del corazón a través del amor a Dios. 


Swami Prabhvananda
El Sermón del Monte según el Vedanta