sábado, 6 de julio de 2013

Clases de Raya Yoga - Decimocuarta Clase

Patanyali retratado como encarnación de la serpiente divina Adi Shesha (expansión de Sankarshan

En la última clase les dije que el símbolo sonoro de todo conocimiento es Om.

Símbolo del mantra Om.

Antes de seguir con el aforismo siguiente de Patányali, tengo que aclarar algo:

En todo el raya yoga, notarán que no se da tanta importancia al camino del amor para llegar a la Divinidad. Hay una razón.

En primer término, diré que creo que el camino del amor puro es un camino igualmente eficaz, que cualquier otro para llegar a Dios. Pero, habrán notado, seguramente, que los yoguis no creen en una Divinidad personificada o personal, o divinidad con cuerpo, ya sea muy etéreo, muy vasto o infinito.

Divinidad personal sin cuerpo. Divinidad que los yoguis presentan como el concepto de la conciencia y el conocimiento puro. Esa clase de Divinidad es inalcanzable por el camino del amor. La primera cosa en el amor es el Bienamado.

La Divinidad para nosotros es un ser antropomorfo. Pero los yoguis son muy prácticos; no admiten ninguna teoría que se expanda y quede en la nada. Sus teorías son bien sistematizadas. Es la única escuela que da al principiante resultados inmediatos; no hay que titubear o tantear. Aunque emplean la palabra Ishvara, su Dios nunca es una persona. Su Dios personifica el concepto infinito del conocimiento. Por eso es inalcanzable por el camino del amor. El amor nos ayuda a concentrar y ese es el sentido práctico que le da el yogui..

Nosotros empleamos al amor para lograr algo. Pero el amor, cuando es purificado, no solamente es el camino o el método, sino que es la meta misma. El hombre ama para amar.

Les diré que nadie ama a su prójimo; todos se aman a sí mismos en su prójimo. Por eso hay tantas luchas, hay tantos desacuerdos y hay tantas bellezas en el amor. Cuando el amante ha purificado su amor, llega a comprender que el amor dará como resultado amor.

Bien. Volvamos a Patányali.

El símbolo sonoro es Om. Y agrega en el siguiente aforismo: “La repetición de Om y la meditación sobre su significado es el camino.” (YSP 1.28) Tengo que hacerles recordar las clases anteriores. Los yoguis dicen: la substancia mental se divide en cuatro partes:

1°) el concepto del yo individual, 
2°) el intelecto, 
3° el órgano que recibe todas las impresiones y 
4°) el almacén donde quedan esas impresiones.

Muchos ignoran que los pensamientos no terminan sin dar antes su debido resultado. Así como las acciones dan sus resultados, también los dan los pensamientos. Las acciones visibles, perceptibles o tangibles, como son originadas por los conceptos de tiempo y espacio, dan resultados visibles. Pero los pensamientos, aunque también se originan en el tiempo y el espacio, sus expansiones son más vastas, más prolongadas. Pero siempre dan sus resultados. No hay manera de escapar. Cualquier pensamiento, fuerte, malo, estúpido, o bueno, da sus resultados. Es una de las cosas que en Occidente no se ha considerado a fondo aún. En distintas religiones se ha prohibido pensar que somos responsables de nuestros pensamientos. Con esta prohibición quitan a sus creyentes lo más grande. Es un propósito muy siniestro. Por eso, ustedes los occidentales son tan desdichados; no salen nunca del sufrimiento. Tienen todos los medios, pero nunca salen de la especie humana. Según mi concepto, el hombre es más civilizado, cuanto más responsable es de sus pensamientos. El que se siente responsable de sus pensamientos, jamás repite sus errores. Puede cometerlos, pero nunca reincide. El hombre no nace perfecto. El hecho de nacer, por sí solo demuestra imperfección. Pero, por ello, no tenemos que permitirnos ser irresponsables. Los yoguis, cualquiera que sea su escuela, exigen sobre todo, un estado continuo de alerta. Nos aconsejan no dormirnos nunca sobre nuestros pensamientos. Cada pensamiento no vigilado, es una flecha envenenada que vuelve contra nostros mismos.

Sigamos con Patányali: ¿Qué hace la repetición? Nosotros somos el producto de varias ideas y de varias acciones. Si repetimos que queremos ser libres, seremos libres. Pero no solamente debemos repetir.

Patányali sabe que al decir “quiero ser libre” creamos una serie de impresiones en ese almacén de Chitta, que se van acumulando hasta que un impulso las lanza en la creación de una obra grande. Pero él dice que no solamente hay que repetir, sino que también hay que meditar sobre su significado.

Fijemos ahora nuestra atención sobre la palabra libertad. Para un bruto es hacer todo sin pensar en el prójimo. Hay más brutos todavía: hacer todo para lastimar al prójimo. El concepto más grande de libertad es incluir la presencia de todos los seres humanos y gozar en eso. Algunos grandes seres incluyen todos los seres creados, ya sean hombres, perros, vacas u hormigas. De manera que hay escalas, y no debemos permanecer en el primer escalón. El hacer daño a los demás no puede quedar impune por mucho tiempo. Tarde o temprano, ese bumerang vuelve hacia uno. Los que predican esa clase de libertad excluyen a los demás.

Se necesita una idea o se necesita un ejemplo. Para nosotros, la idea no es suficiente, porque no tenemos la mente tan purificada como para bastarnos con la idea sola. Necesitamos un ejemplo para alentarnos, para sentirnos fuertes cuando llega la avalancha de cosas malas.

El yogui nos presenta a Ishvara, no solamente como algo infinito, sino como un ejemplo viviente. No es una cosa extraña: “Tú tienes también la Infinidad en forma pequeña.”

Les diré, además, que cada acción nuestra, crea una onda. La ciencia moderna parece que está logrando grabar las ondas mentales, esas ondas nerviosas manejadas por pensamientos. Justamente hoy he oído comentar que algún día sería inventada una máquina que registrará el estado del alma. Pero eso es imposible. El sujeto nunca podrá ser sacado del estado de sujeto. El ser no puede ser tocado, permanece imperturbable. Es que no tenemos alma. El alma nos tiene a nosotros. Por equivocación decimos “mi alma”. Pero, en el alma se sumergen, flotan momentáneamente, o desaparecen, todas esas burbujas llamadas Juan, Pedro, etc. Todos tenemos el concepto de yo personal. El alma no es un soplo, aunque sea Divino. Es la Divinidad misma. Es Omnipresente. La Omnipresencia, es Omnipresencia, no permite ninguna otra Omnipresencia. Esa es la verdad. A eso tenemos que llegar. Mientras crecemos en el concepto de libertad, vemos que primero se causa daño, luego se siente la presencia de todos los seres, pasados, presentes y futuros. Los que llegan a este último estado, según los dualistas, las Encarnaciones, llegan a esa plenitud de conciencia. No hay diferencia entre ellos y Dios. La única diferencia, según la vemos nosotros, es que ellos son fundas de Dios.

El pensamiento produce ondas. Ahora bien. Para pronunciar correctamente Om, ven ustedes que hay un sonido “mmm” que después de cuatro o cinco segundos queda muerto, aparentemente. Pero no muere. Esas ondas, esas vibraciones, se vuelven inaudibles, pero no mueren. Los físicos modernos dirán que esas ondas quedan en el espacio. El antiguo yogui, que era un físico, dice que esas ondas, que aparentemente mueren, quedan en estado atómico, y agrega que cada átomo es el símbolo del universo entero. Dado el impulso debido, cada átomo puede producir un universo. Por eso los yoguis vigilan sus pensamientos.

Bien. Hemos creado muchas ondas, muchas impresiones. Millones y millones. Y todas están esperando para manifestarse. Si les damos la oportunidad de hacerlo una tras otra, no ocurre nada en conjunto. Si permitimos que todas esas impresiones almacenadas surjan de nuevo para conocerlas, entonces ¿cuánto tiempo necesitaríamos para liberarnos? Sería imposible calcularlo.

Y nuevamente oímos la palabra de Patányali: si una acción producen una clase de ondas, otra acción contraria, puede aniquilar esa clase de ondas. [Ref. YSP 2.33] Todas las ondas anteriores fueron hechas pensando que somos atados. Y ahora teniendo ese símbolo y su significado debido, si podemos crear ondas contrarias, aquellas otras quedarán muertas. No volverán más a la superficie, para traernos más nacimientos, más crecimientos, más sufrimientos y más muertes.

El yogui dice: no tenemos muchas ideas. Él no llama a Dios misericordioso, ni bondadoso, etc. El yogui es muy exacto. Y nos trae un solo concepto, el concepto preciso: el hombre vive para conocer y gozar. El goce es imposible si no hay conocimiento. Por eso nos presenta el ideal más perfeccionado que puede aceptar; el conocimiento supremo, el conocimiento universal que no nació ni terminará. Así que nos presenta ese ideal y nos hace sentir nuestra posición actual.

Pero, ustedes tienen a su alcance una frase muy cómoda: no creo. Pueden decirla y pueden borrar todo. Cada uno tiene el derecho de decirla. Si quieren ser tontos sigan nomás. Pero el que quiere conocer y saber, el que quiere llegar a la liberación, (liberación última y no libertad que es una fracción del tiempo y del espacio), forzosamente necesita un ideal.

Debo advertirles que, según los yoguis, el que tiene varios ideales nunca llegará a liberarse. No permitimos a un principiante meditar sobre conceptos de la divinidad, como: pureza y misericordia.

Por eso, necesitamos, primero, repetir, crear ondas mecánicas contrarias a las que nos hacen sufrir.

La manifestación más baja, es la manifestación geológica, el mundo mineral, las piedras. El mineral representa también una burbuja del Ser; del Ser que es el océano de la Omnipresencia. El mineral no sabe. El hombre común tampoco sabe, pero en su estado superior puede saber. Sin embargo, en la actualidad el mineral está usando al hombre. El oro, el platino, las piedras preciosas, manejan al hombre: “Tengo tal compromiso no puedo hacer tal cosa”. El hindú dice: “cuántos reinos siguen igual después de la muerte de los reyes, y cada rey piensa tontamente que él es imprescindible.”

Así que vemos bien claramente que la repetición de Om y meditar sobre el significado, en primer término crea toda clase de ondas que anulan a las que nos atan a los veinticuatro principios, empezando por la naturaleza, en sus tres cualidades: manifestación, acción y inercia.

El que quiere liberarse tiene que levantar ondas contrarias. Les diré una cosa que les parecerá casi chocante: en la India somos tan adictos a ese concepto de crear ondas contrarias que los maestros hindúes enseñan a sus discípulos: si un amigo, que antes era amigo, se vuelve ahora cargoso, pesado, porque no sigue con tu doctrina, lo mejor es que lo consideres tu enemigo. Eso es muy raro en Occidente.

El Ser no puede hacer muchas cosas. El animal en el cuerpo humano, en cambio, puede hacer muchas cosas. Tiene las ideas limitadas.

Así que el concepto de liberación, no de libertad, no se aplica aquí para nada, porque el Ser es la liberación misma

Reverendo Swami Vijoyananda
Decimocuarta Clase - 6 de octubre de 1944