jueves, 23 de junio de 2011

Leyendo el Evangelio de Sri Ramakrishna

Sri Ramakrishna

Maestro (Sri Ramakrishna): Dios y Su Gloria. Este universo es Su gloria. La gente ve Su gloria y no piensa más nada. No busca a Dios cuya gloria es este mundo. Todos buscan gozar de ‘mujer y oro‘ (lujuria y codicia). Pero hay demasiada miseria y dolor en ello. Este mundo es como un remolino de Visalakshi (Arroyo cercano al lugar donde nació Sri Ramakrishna). Una vez que un bote cae dentro de él, no hay esperanza de rescatarlo. Por otra parte el mundo es como un arbusto espinoso. Apenas te has librado de un montón de espinas que ya te encuentras enredado en otro. Una vez que entras en un laberinto te resulta difícil encontrar la salida. Viviendo en el mundo el hombre termina por quedar raído, por así decirlo.

Un devoto: Entonces, ¿cuál es el camino?

Maestro: La oración y la compañía de hombres santos, no puedes liberarte de una enfermedad sin la ayuda de un médico. Pero no es suficiente estar en compañía de gente religiosa sólo por un día. Debieras buscarla constantemente, porque la enfermedad se ha vuelto crónica. Además, no puedes comprender el pulso correctamente, a menos que vivas con un médico. Acompañándole constantemente, aprendes a distinguir el pulso tranquilo del pulso agitado.

Devoto: ¿Qué hay de bueno en la compañía santa?

Maestro: Produce el anhelo por Dios, y el amor a Dios. Nada se alcanza en la vida espiritual sin el anhelo. Viviendo constantemente en la compañía de santos, el alma se vuelve inquieta por Dios. Este anhelo es como el estado mental de un hombre que tiene un enfermo en la familia. Su mente está en un estado de perpetua intranquilidad, pensando cómo podría curarse el enfermo. También uno debiera sentir el anhelo por Dios como el que siente un hombre que ha perdido su empleo y vaga de una oficina a otra en busca de trabajo. Si es rechazado en cierto lugar por no haber vacante, vuelve al día siguiente y pregunta: ‘¿Hay alguna vacante hoy?’. Hay otra manera: rogando a Dios encarecidamente. Dios es muy nuestro. Debiéramos decirle: ‘Oh Dios, ¿cuál es tu naturaleza? Revélate Tú Mismo en mí. Tú tienes que mostrarTe a mí; porque, ¿para qué otro fin me has creado?’. Él es nuestro Creador. Por tanto debemos forzar nuestro pedido a Dios. Él es nuestro Padre y Madre. (E.S.R.: I- pág. 41-42).