lunes, 15 de octubre de 2012

El gran deportista

El Señor Shiva danzante

Dios, el gran Deportista, como por un juego, saca este universo de si mis­mo y lo proyecta. Luego juega con él a la "gallina ciega". Venda los ojos de cada ser, lo hace girar hasta que comienza a marearse, y luego lo suelta para que encuentre o agarre al "rey". En cuanto el jugador descubre al "rey" y lo apresa, queda libre y fuera de juego. Hasta tanto un jugador no descubra a Dios y se aferre fuertemente a Él, tie­ne que jugar. ¡No hay para él otra salida!

Con el hombre, quizás, el divino Prestidigitador juega de ese modo. Lo venda y susurra a su oído que no es difícil asir al "rey" si el jugador está alerta. Luego lo hace girar y le da un empujón en dirección a las "nueve puertas" de la casa que ha construido para que la mente humana viva en ella. El confuso jugador se precipita hacia afuera a través de las puertas para apresar al "rey". Desde el comienzo de la creación lo ha estado buscando, entrando y saliendo por las puertas. La broma es que él oye constantemente la suave voz del "rey" que le da esperanza de que es fácil agarrarlo; sin embargo, toda tentativa resulta inútil. Y así el juego sigue. Si el jugador pidiera ayuda a alguien que conozca el truco, ¿qué le aconsejaría éste? Simplemente le diría: "El rey está detrás de tu vista, de tu oído, de tu olfato, de tu tacto, de tu gusto y de tu pensamiento. Date vuel­ta y agárralo".

Nosotros, los jugadores en este e­terno juego, pensamos que agarraremos al "rey", quien es todo vida, conoci­miento, y felicidad, buscando y poseyendo objetos sensorios, pero nadie puede hallarLo objetivamente. El truco es al­go muy simple, sin embargo, dificilísi­mo de descubrir. Sólo unos pocos lo lo­gran. El resto, da vueltas y más vuel­tas, sin encontrar la salida. Aparte de este símil, si observamos hacia nuestro interior y analizamos la verdad sicoló­gica que hay detrás de las actividades de la conciencia humana, encontraremos que la mente entra y sale a través de las "nueve puertas" buscando éxito, fe­licidad, conocimiento y paz. No hay du­da que de vez en cuando tiene una vis­lumbre de satisfacción, pero, las expe­riencias con el mundo exterior sólo au­mentan el hambre y la inquietud. 

Como resultado de una muy larga experiencia, la mente finalmente aprende la lección de darse vuelta hacia aden­tro, y así descubre la fuente de la eterna satisfacción en el íntimo Ser Di­vino. En efecto, no hay para el hombre un estudio más benéfico, interesante y elevador que el de su propia mente. 

Swami Jnaneshwarananda