viernes, 21 de septiembre de 2012

Un médico compasivo

Editorial




Swami Vivekananda dijo: "La diamantina muralla que nos encierra es el egoísmo; todo lo referimos a nosotros mismos. Despojaos de este mezquino yo. Matad en vosotros este demonio. No yo, sino Tú: decidlo, sentidlo, vividlo".

En todas las religiones del mundo, en las palabras de todos los maestros espirituales, en la vida y enseñanza de los santos, la coincidencia más notable es el énfasis en la necesidad de trascender el yo para el logro de la realización de Dios.

La mayoría de las personas lo sabemos y tratamos, en lo posible, de practicar el inegoísmo, pero llegado el momento en que somos puestos a prueba, casi siempre fracasamos.

En la medida que nos demos cuenta de que somos impotentes ante ese impostor, el pequeño yo, que ha ocupado el trono cuyo único dueño es Dios mismo, comenzaremos a anhelar ayuda. Muchas veces el Señor se vale de purísimos instrumentos, los maestros espirituales, para esa tarea. Habiendo logrado ese apoyo, no debemos olvidar que derrotar al ego es muy difícil y habrá sufrimiento.

Bajo la influencia transformadora de un verdadero maestro, nos volveremos conscientes de nuestro ego y de los interminables pesares a los que nos somete y así nos dispondremos a aceptar el tratamiento que sea necesario para curarnos de esa terrible enfermedad llamada egoísmo.

Swami Bhayanananda dijo: "¡Benditos son aquellos que logran ponerse bajo la guía de un alma iluminada que quita su egoísmo por medio de la cirugía espiritual!".

Pensar en nuestro Preceptor, como un médico compasivo, y a nosotros como pacientes que padecemos de una grave enfermedad, nos ayudará a no perder de vista la meta de esta relación y nos hará cada vez más agradecidos y confiados.