lunes, 17 de septiembre de 2012

Aprendiendo a jugar


Editorial





"Este mundo es como la cola enroscada del perro, la gente ha pugnado por enderezarla durante centenares de años, pero, en cuanto la sueltan, se enrosca de nuevo ¿Cómo podría ser de otro modo? dijo Swami Vivekananda; nosotros también, durante toda la vida quisimos "enderezar la cola del perro" y lógicamente no lo logramos; hemos sufrido mucho porque no sabíamos que era imposible enderezarla.

Si encontramos un alma grande y generosa, que por el mero hecho de amar a todos y desear el bien de cada uno, gradualmente nos hará comprender que nunca vamos a "enderezar la cola del perro" pero que si seguirnos en nuestro intento con sinceridad y de la mejor manera posible, los que vamos a quedar rectos somos nosotros, porque sólo el que sabe que "el mundo va a continuar con sus dualidades", puede actuar correctamente.

Hay un dicho entre los hindúes que dice: "La abeja va a absorber la miel, pero sus patas se quedan pegadas en ella". Eso sucede con nosotros, querernos absorber la miel y quedarnos atrapados perdiendo de este modo, la oportunidad de experimentar y al mismo tiempo aprender y avanzar.

Recordemos lo que decía Swami Vivekananda: "Este Universo sólo es el juego del Señor, todo es para divertirse. Si quieres comprender Su juego procura conocer al Señor; conviértete en su compañero de juego y El te lo dirá todo". 

¿Por qué no podemos aceptar la idea de que la vida es un juego? Nuestro ego es inflexible y obstinado, querernos cumplir sólo nuestra voluntad, rechazando todo lo que no sea gratificación y de esta manera, en nuestra ceguera perdernos toda posibilidad de ser feliz.

Swami Pareshananda muchas veces nos dice: "no es necesario tornar la vida con tanta seriedad", y también: "Debernos aceptar la vida en su totalidad".

Logrando sentir profundamente en nuestro corazón que el Señor es nuestro eterno compañero de juego, aprenderemos a jugar, a divertirnos y a compartir Su indudable sentido del humor.