miércoles, 18 de abril de 2012

Antes de proceder a meditar


Swami Ashokananda (1893-1969) 

Yo creo que a través de la meditación, que es el ininterrumpido flujo de un mismo pensamiento en Dios, uno puede alcanzar fácilmente al Altísimo. Y es que la mente eventualmente sucumbe ante un pensamiento a la que es sujeta sin interrupción por un tiempo prolongado. Si continuamos infundiendo en la mente cierto tipo de conciencia, cualquiera sea la condición de la mente en un principio, espiritual o no, llena de amor hacia Dios o con deseos intranquilizantes; con el transcurso del tiempo el cambio deseado se operará.

Sri Ramakrishna hizo gran hincapié en esto. A mí me tomó mucho tiempo asimilar una de sus enseñanzas sobre el tema, pero cuando la hube comprendido, y espero realmente haberlo hecho, encontré en ella una gran esperanza y seguridad. Él solía decir que la mente es como un tela lavada que toma el color de la tintura en que se la sumerge. Al principio pensé que Él quería decir que la mente debe volverse absolutamente pura antes de sumergirla en el pensamiento de Dios y tomar su color. No veía nada particularmente alentador en esto, porque el gran problema de casi todos los aspirantes espirituales es precisamente alcanzar la pureza de la mente. Tal purificación equivale a tres cuartas partes de la batalla, pero cuando eso

sucede la realización espiritual viene espontáneamente. Sin embargo, a medida que reflexionaba sobre el ejemplo de Sri Ramakrishna, comencé a comprenderlo de otro modo. Al comparar la mente con una tela lavada, Él hablaba de la mente ordinaria, la mente que está tan atiborrada de pensamientos y sentimientos mundanos y contradictorios, y que es tan adversa al pensamiento de Dios. No era la mente purificada la que Él asemejaba a la tela lavada, sino la mente en cualquier condición en que pudiera encontrarse. Vi que quería decir que aun esa mente ordinaria, si fuese sumergida en el pensamiento de Dios, tomaría el color espiritual.

He aquí una verdad psicológica, maravillosamente alentadora y de gran ayuda, pero con frecuencia olvidada por los aspirantes espirituales. En cierta ocasión un hombre vino ante Sri Ramakrishna y le dijo: Yo no puedo controlar mi mente, no sé cómo. El Maestro asombrado dijo: ¿Por qué no practicas abhyasa-yoga? El traer a la mente de nuevo, una y otra vez al pensamiento de Dios, eso es lo que abhyasa-yoga significa. ¿Importa mucho que la mente ande errante al principio, si es que de nuevo puedes regresada a Él? Si pudiésemos recordar esto, la mitad de la batalla la tendríamos ganada, pero desgraciadamente con frecuencia lo olvidamos.

¿Cuál es la condición adecuada de la mente para la meditación? Es conocida por todos ustedes, creo, como quietud. Ésta no es una calma forzada, sino una calma resultante de la cesación de la mayoría de los deseos ardientes. Las cosas que perturban a la mente, ya surjan de dentro, ya vengan desde afuera, están vinculadas con nuestros deseos secretos básicos. Siempre estamos tratandde realizar ciertos fines. Aunque nos esforcemos desesperadamente, con frecuencia fracasamos y el fracaso exaspera a la mente. Aun cuando el triunfo sea ya nuestro, se nos presentan resultados extraños. Debido a que los objetos de nuestros deseos, a veces, nos eluden mientras los estamos disfrutando, nos sentimos desilusionados y engañados; y cuando no somos así frustrados, nos apegamos a los objetos del disfrute, en cuyo caso, puesto que el disfrute no puede intensificarse continuamente, viene la saciedad. Todas estas reacciones mantienen a la mente constantemente inquieta, ora de modo placentero, ora de modo desagradable. Así nos damos cuenta de que los pensamientos que impiden a nuestra mente permanecer en presencia de Dios están unidos con los objetos de nuestros deseos; y que sólo cuando logramos deshacernos de nuestros deseos predominantes la mente se vuelve comparativamente tranquila.

Hay una canción que se refiere a un hombre que, después de pasarse toda la vida tontamente, al fin se dio cuenta de su error y dijo: Tuve tiempo para todo lo demás, oh Señor, ¿mas no tuve tiempo para pensar en Ti! Fijense en esta peculiaridad de la mente humana: hay tiempo y lugar para todo lo demás en nuestra vida, ¿pero no tenemos si quiera quince minutos diariamente para la meditación! Si me dicen ustedes que no tienen ni el tiempo ni la energía, ¡piensan que les voy a creer? Y o les diré que se están engañando. Donde hay voluntad hay un camino. 

(Swami Ashokananda fue un monje muy venerado de la Orden Ramakrishna. Fue un destacado escritor y orador y líder de la de la SociedadVedanta del Norte de California (San Francisco) desde 1931 hasta su fallecimiento en 1969.)