sábado, 6 de julio de 2013

Clases de Raya Yoga - Décimoquinta Clase


Decíamos en la última clase: "La repetición de Om y la meditación sobre su significado es el camino." (YSP 1.28) Patányali dice, entonces: "Si hacemos eso, ganamos el conocimiento de la introspección y la destrucción de los obstáculos." (YSP 1.29])

Ya hemos explicado el significado de Om y por qué es necesaria la repetición de la palabra. En la India damos mucha importancia a la repetición, aún en el estudio. Me explicaré. Ustedes que son occidentales y no tienen, diríamos, ninguna preparación oriental; oyen decir, un buen día, o leen en un libro que se refiere a los aforismos de Patányali, que es necesario repetir la palabra Om, pero no tienen suficiente fe. ¿Qué reacción puede tener su mente? Lo primero que se presenta es la rebeldía. Queremos comprender de antemano antes de hacerlo. Pero, ¿qué es la comprensión de antemano, sino la comprensión ajena? Su comprensión vendrá después de su propia práctica. Los que piden comprensión de antemano y al mismo tiempo dicen que no pueden aceptar sin esa condición previa, cometen un doble error. Hay mucha gente llamada creyente. Yo quiero ver uno entre diez mil que realmente sea creyente. Son creyentes de ocasión, creyentes de cualquier cosa menos del ideal en que dicen creer.

Creemos realmente, cuando la comprensión es nuestra. Si no, siempre habrá dudas y preguntas. Es muy duro comprender una cosa de la cual unos pocos saben y muy pocos pueden traer noticias directas. Pero, podemos tenerla si tenemos fe en nuestra propia capacidad. Nosotros nos hemos puesto al trabajo, y después de mucha o poca lucha, hemos formado cierta clase de ideas, y de ahí surge todo. Pero, comprensión de antemano no existe.

Patányali nos dice: "Om es el cuerpo sonoro de todo conocimiento, que es el Dios de los yoguis, y la manifestación completa del mundo sonoro. El que repite esa palabra, ese sonido, y piensa en su significado, consigue el poder de instrospección."

¿Por qué? Podría contestar: Hagan la practica y verán. Pero, yo estoy aquí y debo contestar la pregunta; y puedo llenar cierta parte de la afirmación previa. Uno repite Om, quiere decir hace presión sobre la tendencia natural de su existencia.

Una cosa extraña ha venido, se ha presentado en nuestra vida y nos pide que repitamos Om. Ese sonido es extraño y al hacer presión levanta preguntas. Pero, ¿Por qué debemos repetir? Porque Patányali nos ha convencido con sus argumentos anteriores; pero tampoco podemos aceptarlo totalmente, porque nunca puede llegar por obligación. Debe ser hecho con todo cariño y plena comprensión. Así que, cuando se reproduce esa idea, viene una serie de porqués, y no podemos dejar los porqués sin observarlos. Si hubiéramos sido meros lectores u oyentes accidentales, hubiéramos hecho poco caso de esos porqués, pero queremos saber, y sobre todo hay otro factor: seguimos meditando sobre Om que es el cuerpo sonoro de la idea de conocimiento total.

¿Qué es conocimiento total? Siempre tenemos el deseo de saber algo muy abstracto y muchas veces les he repetido, que el concepto de abstracto varía en nuestra mente. Primero es que abstracto es menos concreto. Quiere decir, sacar todo concepto, idea y objeto de la idea del abstracto. Después, si seguimos procediendo debidamente, comprendemos que abstracto no deber ser gobernado por ideas calificativas; no debe tener adjetivos. La mente humana no puede pensar en nada que sea humano sin poner calificativos. Así que abstracto es una cosa que para nosotros queda por alcanzar. Decimos ideas abstractas aunque realmente hay un solo abstracto, que es el conocimiento. Conocimiento para nosotros, es una palabra. Por eso Patányali nos enseña la repetición de la palabra. Pero, repitiendo "conocimiento" no alcanzaremos el resultado que nos brinda la repetición de Om, pues debemos decir: conocimiento total y puro. Por eso, los yoguis, que son muy suscintos, nos dicen que debe repetirse Om. Pero, si no aceptan Om porque es oriental, sigan repitiendo otra palabra; pueden elegir.

¿Qué es el conocimiento puro?

¿Cómo puedo sacar el conocimiento de los conocimientos?

¿Qué ocurre entonces?

Viene el conocimiento de introspección, y la destrucción de los obstáculos.

Para Patányali, los obstáculos son:

1°) Enfermedad. 
2°) Pereza mental. 
3°) Duda. 
4°) Falta de entusiasmo. 
5°) Letargo. 
6°) Ser adicto a los placeres sensuales. 
7°) Falsa de percepción. 
8°) El no logro de la concentración. 
9°) Caer de nuevo después de haber conseguido algo.

Estas son las distracciones que obstaculizan el camino para llegar al conocimiento pleno. Patányali empieza donde nosotros empezamos. ¿Qué más obstáculo podemos tener que la enfermedad? Cuando salimos de la enfermedad, decimos: hoy no me duele, pero dejamos la práctica. Hacemos todo igual que antes, pero es seguro que dejamos la práctica. Luego, la pereza mental. El cuerpo está más o menos sano. "Hoy no tengo ganas". Eso es casi crónico. ¿Qué hago? Hace de todo, menos tener ganas.

Cuando no tenemos o no queremos tener ganas, lo que sigue es duda. "¿Me dará algo? Todo el mundo está divirtiéndose a sus anchas y viene este Señor Patányali (no yo), y me quita todo." Viene la duda, y como un mellizo, le sigue la falta de entusiasmo. Como seguimos sin entusiasmo, nuestra mente sigue con nuestro cuerpo particular, porque nuestro altruísmo gira alrededor de nuestra personalidad, y viene el letargo.

Y, ¿qué hacemos? Verán lo que dejan sin observación y por eso su adelanto es tan costoso. "El tiempo me sobra" y viene el sensualismo. Después de haber gozado sensualmente y no haber practicado, tengo percepciones falsas, alteradas y no hay posibilidad de adquirir la concentración. Si hemos alcanzado algo, porque hemos seguido algunos aforismos con cierto deseo, lo perdemos.

Todos esos obstáculos quedan destruídos si uno medita sobre el significado de Om, y sigue repitiendo la palabra. Voy a simplificar: Supongamos (porque tengo que suponer), que ustedes tienen bastante desarrollado el deseo de conocer, (como quieren conocer tantas cosas), cual es el fin, cuál es la meta de la vida humana. Han oído que la meta es morir. Quienes así dicen, son los que han adquirido la creencia de que su vida es una vida corpórea. Han sufrido porque no pudieron clasificar su vida en la escala animal. Han comido como una determinada especie, han tratado de dormir como otra especie, han querido gozar como otra especie, y por lo tanto se han equivocado al decir que son humanos. Esa clase de gente creen con toda sinceridad que son corpóreos. Para ellos, la meta es dejar correr los días y los años hasta que ocurre el último accidente de la vida. Creen que su advenimiento fue un accidente y que su desarrollo el resultado de ese accidente. Siempre han cumplido con las ideas que les han gustado por el momento, y esperan ansiosa, dolorosa, o desesperadamente, la llegada del último accidente.

Para otros, la meta es hacer bien al mundo. No se preocupan tanto que su fin particular sea la muerte. Ellos hacen el bien y siguen haciendo el bien cada vez más. Primero a los suyos, luego amplían el círculo y se dan cuenta haciendo el bien, que logran una cosa: que la preocupación de que su vida es material o mental, no les molesta. Tienen cierta clase de tranquilidad al comprender que no han hecho mal a nadie y no han desarrollado las distintas escalas de su yo, por medio de vanidades y orgullos.

Hay una tercera clase de personas que creen con o sin pruebas, que hay una existencia que se llama Dios, y creen que la meta de la vida es dejar todo lo que consideran que no es divino o que no les conduce a la Divinidad, y siguen una o varias escuelas, para llegar al concepto de Dios. Hay otros que no hacen mal a nadie, ni creen que su vida es una serie de accidentes; y tampoco creen que hay cosas divinas y otras que no lo son. Ellos hacen su introspección siendo buenos en su vida exterior con los demás, pero en su vida interior examinan cada uno de sus actos y, más aún, cada uno de sus pensamientos. Se dan cuenta que la Divinidad está afuera, pero para reconocer esa Divinidad necesitan, primero, sentir la presencia de esa Divinidad, por ellos mismos. Si no, no hay pruebas directas. Si mi abuelo ha sido un santo, y yo quiero ser un santo más grande que él, debo conocer al conocimiento, y, entonces, todos los conocimientos del mundo no serán suficientes ayuda para mí, si no quiero entender que represento al conocimiento mismo. Así que tengo que levantar el poder de introspección en mí, y recién me daré cuenta que la enfermedad es un obstáculo en mi camino. Porque, de lo contrario, ¿qué es la enfermedad? Pero el que sabe, reconoce la enfermedad como un obstáculo. El se cuida; mantiene su cuerpo en una condición más o menos sana, para que no sea un obstáculo. En ese aspecto, llega a dominar a la parte de la mente que juega su rol en el cuerpo: el sistema nervioso, y al Prana, la fuerza vital, de la que hablaremos más adelante.

Les diré que hay ciertas personas que se sienten molestas con estas ideas: "Estoy muy bien así, ¿para que tengo que agregar una cosa nueva?"

En la India cuentan que una vez el Señor tomó el cuerpo de un cerdo para vencer a un demonio. Después de haber cumplido su misión, buscó una compañera y tuvo cría. Pero, el Señor hacía falta para otras cosas, y entonces otro aspecto del Señor, llamado Shiva, vino y le dijo: "Ya has matado al demonio y es suficiente, ahora debes regresar." Pero el cerdo gruñó: "Yo estoy muy bien así. Tengo compañera y chanchitos y tengo chiquero."

Ahora tenemos nosotros que preguntarnos que ambiente queremos y con que cuerpo nos quedamos. ¿O es que siempre queremos el cuerpo humano?

Prestamos tanta atención a esta funda (que no es más que una funda), lo bañamos, lavamos los dientes, alimentamos, etc. ¿Con qué fin? Para mantenerla sana. ¿Y con qué objetivo queremos mantenerla sana? Para que podamos tener algo más. ¿O es que pensamos ir al circo a lucirnos? Apreciamos el cuerpo. Cuando está sano es cuando no se siente. El que siente a su cuerpo, en cualquier forma, lo tiene enfermo. La mejor forma de no sentirlo, es sacar la mente del cuerpo. Y sacarla por nosotros mismos, nunca por la obligación. Pueden venir todos los Pantáyalis del mundo, pero si no quedamos convencidos, los saludamos porque son seres excepcionales, pero no los seguimos. Desde luego, no debemos ser irrespetuosos y decirles que son tontos. Adquirimos el derecho de decir "no me gusta" solo después de haber practicado. Al principio cuesta mucho conocer las costumbres y modalidades ajenas. Cuando llegué a Occidente, pensaba que eran tontos; pero con el tiempo me dí cuenta de que por algo vivían y obraban así. Ustedes han aceptado ciertas cosas, ciertos estados; han evolucionado y así seguirán.

Yo les doy la idea de Patányali sobre el fin de la vida: Por la gracia del Todo-Conocimiento, llegar a ser el Todo-Conocimiento. 

Rev. Swami vijoyananda
Décimoquinta Clase - 10 de octubre de 1944









Los héroes del Espíritu

Sri Ramakrishna

En la magnífica avenida de los héroes del espíritu, he elegido dos hombres que me han conquistado por haber sabido realizar con un encanto y una fuerza incomparables la espléndida sinfonía del Alma Universal. Puede decirse son su Mozart y su Beethoven, su Pater Seráficus y su Júpiter Tonante: Ramakrishna y Vivekananda.

No soy aficionado. No traigo a los cansados lectores motivos para huir de sí mismos, sino para encontrarse, para hallar el profundo Yo desnudo, sin disfraz, sin mentira. Me acompañan los que lo han buscado, lo mismo los vivos que los que han muerto, y no me preocupa el límite de los siglos o de las naciones. Para el alma desnuda, no hay Oriente ni Occidente; éstas son sus vestiduras. Su casa es el mundo, y como es de todos, es para todos.

El hombre cuya figura evoco aquí fue el coronamiento de dos mil años de vida interna de un pueblo. Murió hace cuarenta años y sigue siendo un animador de la India de nuestros días. Fue un aldeano de Bengala, cuya vida se desenvolvió en un ambiente limitado, sin incidentes notables, pero su vida interior abarcó la multiplicidad de los hombres y de los dioses. Compartía el propio manantial de la Energía. Pocos remontan hasta el manantial. El modesto aldeano de Bengala, escuchando a su corazón, supo encontrar los caminos del Mar interno, y lo emprendió realizando el versículo de los Upanishads: "Soy más antiguo que los dioses radiantes. Soy el primogénito del Ser. Soy la arteria de la inmortalidad."

Romain Rollan 
(Escrito en Navidad de 1928)
Escritor francés, (l866-1944). Premio Nobel en 1915. De su libro "La vida de Ramakrishna"

Clases de Raya Yoga - Decimocuarta Clase

Patanyali retratado como encarnación de la serpiente divina Adi Shesha (expansión de Sankarshan

En la última clase les dije que el símbolo sonoro de todo conocimiento es Om.

Símbolo del mantra Om.

Antes de seguir con el aforismo siguiente de Patányali, tengo que aclarar algo:

En todo el raya yoga, notarán que no se da tanta importancia al camino del amor para llegar a la Divinidad. Hay una razón.

En primer término, diré que creo que el camino del amor puro es un camino igualmente eficaz, que cualquier otro para llegar a Dios. Pero, habrán notado, seguramente, que los yoguis no creen en una Divinidad personificada o personal, o divinidad con cuerpo, ya sea muy etéreo, muy vasto o infinito.

Divinidad personal sin cuerpo. Divinidad que los yoguis presentan como el concepto de la conciencia y el conocimiento puro. Esa clase de Divinidad es inalcanzable por el camino del amor. La primera cosa en el amor es el Bienamado.

La Divinidad para nosotros es un ser antropomorfo. Pero los yoguis son muy prácticos; no admiten ninguna teoría que se expanda y quede en la nada. Sus teorías son bien sistematizadas. Es la única escuela que da al principiante resultados inmediatos; no hay que titubear o tantear. Aunque emplean la palabra Ishvara, su Dios nunca es una persona. Su Dios personifica el concepto infinito del conocimiento. Por eso es inalcanzable por el camino del amor. El amor nos ayuda a concentrar y ese es el sentido práctico que le da el yogui..

Nosotros empleamos al amor para lograr algo. Pero el amor, cuando es purificado, no solamente es el camino o el método, sino que es la meta misma. El hombre ama para amar.

Les diré que nadie ama a su prójimo; todos se aman a sí mismos en su prójimo. Por eso hay tantas luchas, hay tantos desacuerdos y hay tantas bellezas en el amor. Cuando el amante ha purificado su amor, llega a comprender que el amor dará como resultado amor.

Bien. Volvamos a Patányali.

El símbolo sonoro es Om. Y agrega en el siguiente aforismo: “La repetición de Om y la meditación sobre su significado es el camino.” (YSP 1.28) Tengo que hacerles recordar las clases anteriores. Los yoguis dicen: la substancia mental se divide en cuatro partes:

1°) el concepto del yo individual, 
2°) el intelecto, 
3° el órgano que recibe todas las impresiones y 
4°) el almacén donde quedan esas impresiones.

Muchos ignoran que los pensamientos no terminan sin dar antes su debido resultado. Así como las acciones dan sus resultados, también los dan los pensamientos. Las acciones visibles, perceptibles o tangibles, como son originadas por los conceptos de tiempo y espacio, dan resultados visibles. Pero los pensamientos, aunque también se originan en el tiempo y el espacio, sus expansiones son más vastas, más prolongadas. Pero siempre dan sus resultados. No hay manera de escapar. Cualquier pensamiento, fuerte, malo, estúpido, o bueno, da sus resultados. Es una de las cosas que en Occidente no se ha considerado a fondo aún. En distintas religiones se ha prohibido pensar que somos responsables de nuestros pensamientos. Con esta prohibición quitan a sus creyentes lo más grande. Es un propósito muy siniestro. Por eso, ustedes los occidentales son tan desdichados; no salen nunca del sufrimiento. Tienen todos los medios, pero nunca salen de la especie humana. Según mi concepto, el hombre es más civilizado, cuanto más responsable es de sus pensamientos. El que se siente responsable de sus pensamientos, jamás repite sus errores. Puede cometerlos, pero nunca reincide. El hombre no nace perfecto. El hecho de nacer, por sí solo demuestra imperfección. Pero, por ello, no tenemos que permitirnos ser irresponsables. Los yoguis, cualquiera que sea su escuela, exigen sobre todo, un estado continuo de alerta. Nos aconsejan no dormirnos nunca sobre nuestros pensamientos. Cada pensamiento no vigilado, es una flecha envenenada que vuelve contra nostros mismos.

Sigamos con Patányali: ¿Qué hace la repetición? Nosotros somos el producto de varias ideas y de varias acciones. Si repetimos que queremos ser libres, seremos libres. Pero no solamente debemos repetir.

Patányali sabe que al decir “quiero ser libre” creamos una serie de impresiones en ese almacén de Chitta, que se van acumulando hasta que un impulso las lanza en la creación de una obra grande. Pero él dice que no solamente hay que repetir, sino que también hay que meditar sobre su significado.

Fijemos ahora nuestra atención sobre la palabra libertad. Para un bruto es hacer todo sin pensar en el prójimo. Hay más brutos todavía: hacer todo para lastimar al prójimo. El concepto más grande de libertad es incluir la presencia de todos los seres humanos y gozar en eso. Algunos grandes seres incluyen todos los seres creados, ya sean hombres, perros, vacas u hormigas. De manera que hay escalas, y no debemos permanecer en el primer escalón. El hacer daño a los demás no puede quedar impune por mucho tiempo. Tarde o temprano, ese bumerang vuelve hacia uno. Los que predican esa clase de libertad excluyen a los demás.

Se necesita una idea o se necesita un ejemplo. Para nosotros, la idea no es suficiente, porque no tenemos la mente tan purificada como para bastarnos con la idea sola. Necesitamos un ejemplo para alentarnos, para sentirnos fuertes cuando llega la avalancha de cosas malas.

El yogui nos presenta a Ishvara, no solamente como algo infinito, sino como un ejemplo viviente. No es una cosa extraña: “Tú tienes también la Infinidad en forma pequeña.”

Les diré, además, que cada acción nuestra, crea una onda. La ciencia moderna parece que está logrando grabar las ondas mentales, esas ondas nerviosas manejadas por pensamientos. Justamente hoy he oído comentar que algún día sería inventada una máquina que registrará el estado del alma. Pero eso es imposible. El sujeto nunca podrá ser sacado del estado de sujeto. El ser no puede ser tocado, permanece imperturbable. Es que no tenemos alma. El alma nos tiene a nosotros. Por equivocación decimos “mi alma”. Pero, en el alma se sumergen, flotan momentáneamente, o desaparecen, todas esas burbujas llamadas Juan, Pedro, etc. Todos tenemos el concepto de yo personal. El alma no es un soplo, aunque sea Divino. Es la Divinidad misma. Es Omnipresente. La Omnipresencia, es Omnipresencia, no permite ninguna otra Omnipresencia. Esa es la verdad. A eso tenemos que llegar. Mientras crecemos en el concepto de libertad, vemos que primero se causa daño, luego se siente la presencia de todos los seres, pasados, presentes y futuros. Los que llegan a este último estado, según los dualistas, las Encarnaciones, llegan a esa plenitud de conciencia. No hay diferencia entre ellos y Dios. La única diferencia, según la vemos nosotros, es que ellos son fundas de Dios.

El pensamiento produce ondas. Ahora bien. Para pronunciar correctamente Om, ven ustedes que hay un sonido “mmm” que después de cuatro o cinco segundos queda muerto, aparentemente. Pero no muere. Esas ondas, esas vibraciones, se vuelven inaudibles, pero no mueren. Los físicos modernos dirán que esas ondas quedan en el espacio. El antiguo yogui, que era un físico, dice que esas ondas, que aparentemente mueren, quedan en estado atómico, y agrega que cada átomo es el símbolo del universo entero. Dado el impulso debido, cada átomo puede producir un universo. Por eso los yoguis vigilan sus pensamientos.

Bien. Hemos creado muchas ondas, muchas impresiones. Millones y millones. Y todas están esperando para manifestarse. Si les damos la oportunidad de hacerlo una tras otra, no ocurre nada en conjunto. Si permitimos que todas esas impresiones almacenadas surjan de nuevo para conocerlas, entonces ¿cuánto tiempo necesitaríamos para liberarnos? Sería imposible calcularlo.

Y nuevamente oímos la palabra de Patányali: si una acción producen una clase de ondas, otra acción contraria, puede aniquilar esa clase de ondas. [Ref. YSP 2.33] Todas las ondas anteriores fueron hechas pensando que somos atados. Y ahora teniendo ese símbolo y su significado debido, si podemos crear ondas contrarias, aquellas otras quedarán muertas. No volverán más a la superficie, para traernos más nacimientos, más crecimientos, más sufrimientos y más muertes.

El yogui dice: no tenemos muchas ideas. Él no llama a Dios misericordioso, ni bondadoso, etc. El yogui es muy exacto. Y nos trae un solo concepto, el concepto preciso: el hombre vive para conocer y gozar. El goce es imposible si no hay conocimiento. Por eso nos presenta el ideal más perfeccionado que puede aceptar; el conocimiento supremo, el conocimiento universal que no nació ni terminará. Así que nos presenta ese ideal y nos hace sentir nuestra posición actual.

Pero, ustedes tienen a su alcance una frase muy cómoda: no creo. Pueden decirla y pueden borrar todo. Cada uno tiene el derecho de decirla. Si quieren ser tontos sigan nomás. Pero el que quiere conocer y saber, el que quiere llegar a la liberación, (liberación última y no libertad que es una fracción del tiempo y del espacio), forzosamente necesita un ideal.

Debo advertirles que, según los yoguis, el que tiene varios ideales nunca llegará a liberarse. No permitimos a un principiante meditar sobre conceptos de la divinidad, como: pureza y misericordia.

Por eso, necesitamos, primero, repetir, crear ondas mecánicas contrarias a las que nos hacen sufrir.

La manifestación más baja, es la manifestación geológica, el mundo mineral, las piedras. El mineral representa también una burbuja del Ser; del Ser que es el océano de la Omnipresencia. El mineral no sabe. El hombre común tampoco sabe, pero en su estado superior puede saber. Sin embargo, en la actualidad el mineral está usando al hombre. El oro, el platino, las piedras preciosas, manejan al hombre: “Tengo tal compromiso no puedo hacer tal cosa”. El hindú dice: “cuántos reinos siguen igual después de la muerte de los reyes, y cada rey piensa tontamente que él es imprescindible.”

Así que vemos bien claramente que la repetición de Om y meditar sobre el significado, en primer término crea toda clase de ondas que anulan a las que nos atan a los veinticuatro principios, empezando por la naturaleza, en sus tres cualidades: manifestación, acción y inercia.

El que quiere liberarse tiene que levantar ondas contrarias. Les diré una cosa que les parecerá casi chocante: en la India somos tan adictos a ese concepto de crear ondas contrarias que los maestros hindúes enseñan a sus discípulos: si un amigo, que antes era amigo, se vuelve ahora cargoso, pesado, porque no sigue con tu doctrina, lo mejor es que lo consideres tu enemigo. Eso es muy raro en Occidente.

El Ser no puede hacer muchas cosas. El animal en el cuerpo humano, en cambio, puede hacer muchas cosas. Tiene las ideas limitadas.

Así que el concepto de liberación, no de libertad, no se aplica aquí para nada, porque el Ser es la liberación misma

Reverendo Swami Vijoyananda
Decimocuarta Clase - 6 de octubre de 1944