miércoles, 15 de mayo de 2013

Religión, la mejor medicina

"La lección de anatomía del Dr. Tulp", de Rembrandt

Religión y medicina no pueden ser considerados como separados. De acuerdo con este punto de vista, religión es la mejor medicina y la ciencia médica es la mejor religión puesta en práctica.

El ciclo de repetidos nacimientos y muertes se lo llama en el lenguaje religioso "bhava roga": aflicción o enfermedad, y Dios es llamado "vaidya-naraiana-harih": médico. El Señor Buddha lo llamó "Bhisaka": médico por excelencia.

Tulcidás, el autor del Ramaiana dice:

La ilusión está en la raíz de todos los males del alma
y de esto surgen muchos sufrimientos y dolores.
La flatulencia de la lujuria, la flema de la insaciable codicia
y la bilis de la pasión inflaman constantemente el interior del hombre.

Las enfermedades causadas por los vehementes deseos
de los sentidos son: la lepra del egoísmo, la sarna de la envidia,
el desordenado palpitar de dicha y pesar,
los celos y la codicia que arde a la vista
de la prosperidad del otro, la artritis del egoísmo
y la ciática de la hipocresía, la vanidad, el orgullo y otros.


Swami Brahmeshananda
Quien prestó servicios como médico en el Sevashrama Hospital de Benares.

"La lección de anatomía del Dr. Tulp", de Rembrandt

jueves, 9 de mayo de 2013

Vaciarse de Sí


Una de las mayores paradojas de la vida mística es ésta: nadie puede penetrar en el más hondo centro de si mismo y llegar por este centro hasta Dios, si no es capaz de salir enteramente de sí mismo y vaciarse de sí y entregarse a otros en la pureza de un abnegado amor.

Y así una de las peores ilusiones de la vida mística sería intentar hallar a Dios encerrándote dentro de tu propia alma, dejando afuera toda realidad externa mediante pura concentración y fuerza de voluntad, separándote del mundo y los demás hombres, apretándote dentro de tu mente y cerrando la puerta como una tortuga.

Afortunadamente, la mayoría de los hombres que lo intentaron no lo consiguieron. Pues el autohipnotismo es exactamente lo contrario de la contemplación. Entramos en posesión de Dios cuando Él invade todas nuestras facultades con Su luz y Su fuego infinito. Pero el procedimiento de narcotizar tu espíritu y aislarte de todo lo que vive, meramente te insensibiliza para todas las oportunidades del amor, que es la fuente de la contemplación.

Thomas Merton
Semillas de Contemplación

martes, 7 de mayo de 2013

La Humildad


El humilde recibe el elogio como un cristal limpio recibe la luz del sol. Cuanto más clara e intensa es la luz, tanto menos se ve el cristal.

Para los hombres que viven en monasterios hay el peligro de que hagan tan complicados esfuerzos por ser humildes con la humildad que han aprendido en un libro, que llegue a volvérseles imposible la verdadera humildad. ¿Cómo puedes ser humilde si siempre estás atento a ti mismo? La verdadera humildad excluye la conciencia de si; pero la falsa humildad intensifica el percatarse de sí mismo hasta tal punto que quedamos lisiados, y ya no podemos hacer un movimiento ni realizar un acto sin poner en funcionamiento un complejo mecanismo de excusas y fórmulas en que nos
acusamos.

Si fueras realmente humilde no te preocuparías de ti. ¿Por qué hacelo? Te ocuparías sólo de Dios y Su voluntad, y del orden objetivo de las cosas y valores tales como son y no como tu egoísmo quiere que sean. En consecuencia, no tendrías ya falsas ilusiones que defender. Tus movimientos serían libres. No necesitarías el estorbo de un montón de
excusas que en realidad sólo son fórmulas para defenderte de la acusación de orgullo... como si tu humildad dependiera de lo que otros piensan de ti!

El hombre humilde puede hacer grandes cosas con insólita perfección, porque ya no se preocupa de lo accidental, como sus intereses y su reputación, y ya no necesita desperdiciar esfuerzos en defenderlo. Pues un hombre humilde no teme el fracaso. De hecho, no teme nada, ni a si mismo, pues la perfecta humildad lleva consigo una perfecta confianza en el poder de Dios, ante quien ningún otro poder tiene sentido y para quien no hay ningún obstáculo.

La humildad es el signo más seguro de la fuerza.

Thomas Merton
Semillas de contemplación