domingo, 6 de mayo de 2012

Pláticas del Swami Vijoyananda



Rev. Swami Vijoyananda

Pregunta: ¿Cómo debemos actuar para no reaccionar ante los acontecimientos?

Respuesta de Swami Vijoyananda: Ante ese problema estoy yo presente. Me he empeñado en querer a todos y espero llegaré a conseguirlo a pesar de los jirones que de mi físico, ese intento me está restando.

El mundo siempre nos deparará amarguras.Hay quien cree que el camino del mundo es una línea recta, mas no es así, hay sinuosidades y estos trazos también son necesarios en él. El amor se paga con odio. Golpes caen sobre nosotros cada vez que hacemos algo bueno, ... y cuántos han caído sobre mí. Creo que ni aún tomando la posición del cínico podría alguien dejarde reaccionar.

Para quien el motivo de su vida es el amor, y sólo el amor, los contrastes lo dejan contrito pero no tienen la suficiente fuerza para hacerlo desertar; a veces me ha pasado esa idea por el cerebro ... total en la India con dos trajes de algodón y un par de zapatos quedaría todo resuelto, pero no es así. Mi Maestro (Swami Brahmananda) me decía: 'La paciencia limitada es intolerancia yquien no sepa perdonar que deje el hábito'.

Ustedes, los que tienen familia, cuentan con un hijo o parientes que se les acerca y les hace un cariño. No quiero recordarles lo que suele haber detrás... mi familia es muy grande (todos ustedes) y entrañablemente los quiero, mas a veces, en quien multipliqué mis desvelos se va sindecir nada. Es muy duro. ¿Comprenden ahora por qué un Swami también sufre y también se enferma?

Mientras tuve a mi madre a quien adoraba, conocí el real cariño y cuando la perdí, vi que hay besos que se compran, cariños que se pagan, amores que se prodigan por interés; ante realidades así, deduzca usted cual puede ser la reacción. Mas cuando alborea en el corazón ese amor que es la proyección del Ser en el Ser, todo cambia. Recuerdo lo que en otra oportunidad les referí de los Upanishads, cuando el maestro iluminado dijo a su esposa: 'Nadie, oh querida, amó jamás al esposo, por el esposo mismo; es por el Atman, por el Señor que está dentro, que el esposo es amado'. Similarmente es en todas las relaciones. Es que olvidamos nuestro origen divino. Esos mares de lágrimas que ruedan de nuestros ojos son necesarios para lavar el fango,que durante tanto tiempo (fuera de cálculo para nuestra frágil memoria), fue depositándose en nuestro interior, ocultando nuestra real divinidad.

En la vida común apenas si nos levantamos del plano animal. De la vida moral a la espiritual hay una gran diferencia. En la primera la acción se reduce a 'esto puedo hacer y aquello no debo hacer', en síntesis: acción de los opuestos donde nos establecemos en el bien. Establecidos en lo moral, hemos dado recién el primer paso hacia la espiritualidad. Recordemos que somos la Dicha y que la desdicha nos la acarrea nuestra ignorancia.

El secreto para poder estar en el mundo, y no reaccionar contra él, es permanecer en él sin ser de él. Quien pudiera hacer como el devoto que cuando la serpiente le inyectó la ponzoña en los pies le dijo: 'Oh, Bienamado, más arriba, el beso, más arriba'. Pero desgraciadamente somos como el loro que en compañía de un santo aprendió a repetir el Nombre del Señor, pero al echársele encima el gato, sólo puede articular el grito habitual.

La humanidad, aquí y en muchas partes, está pasando por un momento crucial; la mentira reina y es la credencial que abre puertas, la libreta del Banco, es dios, y sus secuaces, la desvergüenza y otras actitudes innobles. Para seres sensibles este vivir se hace insoportable, difícil. Las grandes almas deben poder sobrellevar todo y no desviarse de su meta. Es el camino de la crucifixión, es un camino de espinas ... ¡Y qué punzantes!; pese a todo seguir amando y perdonando es la consigna.

sábado, 21 de abril de 2012

La regla de oro de la adecuación


Sri Sarada Devi
Desde tiempos inmemoriales el hombre ha buscado su satisfacción y su felicidad en los objetos externos tales como su propio cuerpo, su familia, sus amigos.Para ello cuenta con su cuerpo, sus logros,posesiones y conexiones para finalmente comprobar que está desprovisto de todo lo que esperaba. Aun así, ¿cuántos aprenden esta lección? Muy pocos, tal vez uno en un millón el resto continúa girando como una rueda sobre su propio eje.

Todos nacemos con un karma el cual, voluntariamente o no, debemos disminuir hasta agotarlo. Ese impulso seguirá durante un tiempo antes de que podamos avanzar algo en la vida espiritual.

En otras palabras, nuestro karma negativo debe ser neutralizado mediante un buen karma. Este proceso lleva cierto tiempo. Una buena conducta, buenos pensamientos y fe en la protección de Dios nos permitirán agotar nuestro karma negativo del pasado hasta que gradualmente la íntima y divina luz comienza a brillar en nuestro interior.

En otras palabras, nuestro karma negativo debe ser neutralizado mediante un buen karma. Este proceso lleva cierto tiempo. Una buena conducta, buenos pensamientos y fe en la protección de Dios nos permitirán agotar nuestro karma negativo del pasado hasta que gradualmente la íntima y divina luz comienza a brillar en nuestro interior.

En esta vida el hombre busca dos cosas: poder y felicidad. En realidad, lo que está buscando es la infinita felicidad y paz. ¿Qué tenemos que hacer para lograr la felicidad? Ante todo tener la experiencia de que la relación familiar, amistad, nombre y fama; están basados sobre los objetos externos.

Todos los objetos de este mundo siguen sus propias leyes. Juan piensa que seria feliz si viera a Tomás todos los días, pero Tomás piensa que seria feliz si Juan lo dejara solo. Así, cada uno tiene su propio concepto de la felicidad. Nos empeñamos en que las cosas sean como nosotros quisiéramos que fueran. Este aferrarse a las propias ideas ( que todo sea como queremos) constituye el principal obstáculo para nuestra felicidad.

Cuando el joven se convierte en adulto su felicidad se nubla; cuando el adulto entra en la vejez, la mayoría se deprime. ¿Por qué? ¿Acaso no hay belleza en el otoño y el invierno? Todos esos procesos nos resultan penosos porque no sabemos cómo adecuaron a las circunstancias.Toda nuestra vida está sujeta a un perpetuo cambio y el que no lo acepta jamás podrá tener paz. Es lamentable que muchos sólo quieran el esplendor de la primavera sin comprender que ella existe porque la antecede el invierno. Debemos aprender a apreciar todas las cosas tal como la naturaleza nos la presenta. Para ello debemos ir hacia nuestro interior y crear allí la debida adecuación. Caso contrario la vida será una constante lucha y, ¿quién siente placer en la lucha?

Muchos suponen que todo lo que hacen, piensan y opinan es lo mejor. Como consecuencia tratan de convencer a los demás según sus puntos de vista. En cambio, si podemos adecuarnos analizando la causa de todo nuestro malestar encontraremos paz y fortaleza en medio del torbellino del mundo. Alcanzaremos un estado en el cual los contratiempos de la vida no nos afectarán. Y este es el único camino o manera de lograr paz y felicidad en este mundo. 

Puede ser que el deseo de cambiar a los demás esté impulsado por motivos inegoístas. Si la fuerza que lo motiva es inegoísta, si está libre de todo interés personal, si la persona desea hacer bien a los demás, pienso que con el ejemplo de su propia vida influirá en los demás de manera mucho más efectiva que con sus palabras. 

Lo más positivo, beneficioso y práctico que he aprendido en mi vida es esta ley de oro de la adecuación. El que ha formado su carácter se aviene fácilmente a los distintos ambientes y circunstancias.

Seamos como el agua que puede ser contenida en cualquier recipiente sin perder sus cualidades. Estemos listos para apegarnos y para desapegamos con la convicción de que en nuestro interior hay un Poder que no sufre modificaciones por ningún contacto.

Repito: el que está siempre en lucha y desacuerdo con el ambiente y las circunstancias que lo rodean nunca tendrá paz y felicidad. Es el más débil de los seres humanos. La adecuación es un signo de fortaleza.

La Santa Madre, Sri Sárada Devi, basaba su vida en una simple instrucción de su Maestro, Sri Ramakrishna. Ella fue su primera discípula y el Poder más grande que Él manifestó en su vida. La Santa Madre misma una vez nos dijo que ella vivía de acuerdo con una instrucción que le diera el Maestro. La belleza del ritmo de esta fraseen bengalí no aparece en la traducción: ''Jakhan jeman, Takhan teman. Kakhane jeman, Shakaneteman. Jarkachhe jeman, Tarkachhe teman".

La primera linea significa que todo debe hacerse de acuerdo con las demandas del momento o del tiempo. La segunda línea significa que uno debe adecuarse a lo que exige el lugar en que uno se encuentra. Y la tercera dice que nuestras acciones deben adecuarse a las personas con quienes tratamos. No es posible actuar de la misma manera con todos. La mayoría de nosotros comprendemos esto pero no tratamos de ponerlo en práctica. Debemos tener en cuenta la mentalidad de la otra persona y actuar en consecuencia. Debemos adecuarnos a las demandas de tiempo, lugar y necesidades de la gente con quien tratamos. Y esto es lo que yo defino como 'la ley de oro de la adecuación'.

Sri Sárada Devi, la Santa Madre, vivía esta regla en cada acto de su vida diaria. Yo diría que su grandeza consistía, en gran medida, en que su conducta se ajustaba siempre a las demandas de tiempo, lugar y ambiente y a las necesidades de las personas que acudían a ella para recibir su bendición. He tenido el privilegio de ser testigo de estas supremas cualidades de la Santa Madre. Hoy, una vez más, rindo mi humilde homenaje a esta maravillosa personalidad que vivió toda una vida de adecuación, lo cual significó la nota sobresaliente de toda su vida en la tierra.

Reverendo Swami Gñaneswarananda
Swami Gñaneswarananda  fue fundador y director de la Vedanta Society de Chicago (1893-1937).

miércoles, 18 de abril de 2012

Antes de proceder a meditar


Swami Ashokananda (1893-1969) 

Yo creo que a través de la meditación, que es el ininterrumpido flujo de un mismo pensamiento en Dios, uno puede alcanzar fácilmente al Altísimo. Y es que la mente eventualmente sucumbe ante un pensamiento a la que es sujeta sin interrupción por un tiempo prolongado. Si continuamos infundiendo en la mente cierto tipo de conciencia, cualquiera sea la condición de la mente en un principio, espiritual o no, llena de amor hacia Dios o con deseos intranquilizantes; con el transcurso del tiempo el cambio deseado se operará.

Sri Ramakrishna hizo gran hincapié en esto. A mí me tomó mucho tiempo asimilar una de sus enseñanzas sobre el tema, pero cuando la hube comprendido, y espero realmente haberlo hecho, encontré en ella una gran esperanza y seguridad. Él solía decir que la mente es como un tela lavada que toma el color de la tintura en que se la sumerge. Al principio pensé que Él quería decir que la mente debe volverse absolutamente pura antes de sumergirla en el pensamiento de Dios y tomar su color. No veía nada particularmente alentador en esto, porque el gran problema de casi todos los aspirantes espirituales es precisamente alcanzar la pureza de la mente. Tal purificación equivale a tres cuartas partes de la batalla, pero cuando eso

sucede la realización espiritual viene espontáneamente. Sin embargo, a medida que reflexionaba sobre el ejemplo de Sri Ramakrishna, comencé a comprenderlo de otro modo. Al comparar la mente con una tela lavada, Él hablaba de la mente ordinaria, la mente que está tan atiborrada de pensamientos y sentimientos mundanos y contradictorios, y que es tan adversa al pensamiento de Dios. No era la mente purificada la que Él asemejaba a la tela lavada, sino la mente en cualquier condición en que pudiera encontrarse. Vi que quería decir que aun esa mente ordinaria, si fuese sumergida en el pensamiento de Dios, tomaría el color espiritual.

He aquí una verdad psicológica, maravillosamente alentadora y de gran ayuda, pero con frecuencia olvidada por los aspirantes espirituales. En cierta ocasión un hombre vino ante Sri Ramakrishna y le dijo: Yo no puedo controlar mi mente, no sé cómo. El Maestro asombrado dijo: ¿Por qué no practicas abhyasa-yoga? El traer a la mente de nuevo, una y otra vez al pensamiento de Dios, eso es lo que abhyasa-yoga significa. ¿Importa mucho que la mente ande errante al principio, si es que de nuevo puedes regresada a Él? Si pudiésemos recordar esto, la mitad de la batalla la tendríamos ganada, pero desgraciadamente con frecuencia lo olvidamos.

¿Cuál es la condición adecuada de la mente para la meditación? Es conocida por todos ustedes, creo, como quietud. Ésta no es una calma forzada, sino una calma resultante de la cesación de la mayoría de los deseos ardientes. Las cosas que perturban a la mente, ya surjan de dentro, ya vengan desde afuera, están vinculadas con nuestros deseos secretos básicos. Siempre estamos tratandde realizar ciertos fines. Aunque nos esforcemos desesperadamente, con frecuencia fracasamos y el fracaso exaspera a la mente. Aun cuando el triunfo sea ya nuestro, se nos presentan resultados extraños. Debido a que los objetos de nuestros deseos, a veces, nos eluden mientras los estamos disfrutando, nos sentimos desilusionados y engañados; y cuando no somos así frustrados, nos apegamos a los objetos del disfrute, en cuyo caso, puesto que el disfrute no puede intensificarse continuamente, viene la saciedad. Todas estas reacciones mantienen a la mente constantemente inquieta, ora de modo placentero, ora de modo desagradable. Así nos damos cuenta de que los pensamientos que impiden a nuestra mente permanecer en presencia de Dios están unidos con los objetos de nuestros deseos; y que sólo cuando logramos deshacernos de nuestros deseos predominantes la mente se vuelve comparativamente tranquila.

Hay una canción que se refiere a un hombre que, después de pasarse toda la vida tontamente, al fin se dio cuenta de su error y dijo: Tuve tiempo para todo lo demás, oh Señor, ¿mas no tuve tiempo para pensar en Ti! Fijense en esta peculiaridad de la mente humana: hay tiempo y lugar para todo lo demás en nuestra vida, ¿pero no tenemos si quiera quince minutos diariamente para la meditación! Si me dicen ustedes que no tienen ni el tiempo ni la energía, ¡piensan que les voy a creer? Y o les diré que se están engañando. Donde hay voluntad hay un camino. 

(Swami Ashokananda fue un monje muy venerado de la Orden Ramakrishna. Fue un destacado escritor y orador y líder de la de la SociedadVedanta del Norte de California (San Francisco) desde 1931 hasta su fallecimiento en 1969.)