jueves, 20 de diciembre de 2012

Sinceridad



Editorial

Sinceridad, según el diccionario, es sinónimo de veracidad y franqueza; y sincero, es quien se expresa sin disfrazar sus pensamientos. Entre las palabras que hallamos con más frecuencia en temas espirituales, sean estos de cualquiera de las grandes religiones: cristiana, judía, musulmana, budista o hindú; es la palabra: sinceridad. Condición, según todos los maestros espirituales, indispensable para avanzar en el camino a la realización de Dios.

Swami Pareshanandaji Maharaj dijo: "La atracción por los objetos de los sentidos (en las personas comunes) es natural pero impide la absorción en Dios"

En una oportunidad le preguntamos al Swami Pareshanandaji Maharaj qué era esa tan mencionada sinceridad y él dijo, aludiendo a una de las personas presentes en ese momento: "El señor X sabe cuánto quiere a su esposa. El señor X sabe cuánto quiere al dinero ... " Así concluyó la respuesta que aparentemente nos dejaba más desconcertados que antes de formular la pregunta. Digo 'aparentemente', porque esa contestación quedó en nuestra mente y se convirtió en un constante motivo de reflexión. Más bien en una invitación a preguntamos con la mayor sinceridad posible: Qué queremos, a quién amamos, en qué hemos depositado nuestra mente y corazón y que, por ende, se ha convertido en un tesoro imposible de abandonar.

Es muy probable que si hacemos este ejercicio los resultados nos sorprenderán mucho. Con frecuencia, no tenemos el más mínimo reparo en abandonar a un amigo o pariente, pero no podemos desprendemos, por nada del mundo, de cualquier objeto sin mayor valor. Siempre encontramos una buena excusa para justificar esta actitud: 'valor monetario', 'valor sentimental' y así sucesivamente. 

Creemos que somos desapegados cuando nos alejamos de quienes, con gran liviandad proclamamos amigos y que por algún motivo insignificante dejamos de querer y quizás pensemos que somos generosos a pesar de vivir acumulando posesiones, que nos producen un dolor intenso en el corazón la sola idea de perderlos. 

Es muy verosímil que Dios no aparezca en esta lista o tal vez se encuentre entre los últimos lugares de nuestros 'amores'. De este modo vamos comprendiendo la importancia de la sinceridad y de cuestionarnos qué es valioso para nosotros. Nadie, en su sano juicio, abandona lo que es preciado para él, por lo tanto, con este 'metro de oro' podemos llegar a conocer lo que realmente ocupa nuestro corazón.

En una ocasión, habiendo visitado el Ashrama de Bella Vista, una familia brasileña que tenía un niño pequeño que usaba chupete; el Swami Pareshanandaji Maharaj, con su habilidad habitual de encontrar en cada situación, por insignificante que parezca, un buen motivo para una enseñanza, comenzó a hablar del 'chupete' que teníamos cada uno de nosotros. Como muchos de nosotros peinamos canas, fue una gran llamada de atención. 

Debemos crecer, debemos madurar y en la medida que esto suceda nuestros 'amores' naturalmente irán cambiando. Y si tenemos presente lo dicho por el bendito señor Jesús: "... Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" comenzaremos, al menos, a ser sinceros, es decir a no disfrazar a nuestros pensamientos, porque a Él, Nuestro Señor, jamás lo engañaremos.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Navidad, tiempo de reflexión

"El canto de los Ángeles" obra de William Bouguereau

Editorial

Diciembre, el mes en que se celebra el nacimiento del Bendito Señor Jesús, es un tiempo en que, a pesar de las frivolidades propias de las fiestas, regalos, comidas especiales, proximidad de fin de año y proyectos de vacaciones; sentimos un llamado a la reflexión, al examen de conciencia y a la necesidad de proponemos resoluciones beneficiosas para nuestro espíritu.

Recordemos una vez más las palabras de Swami Vivekananda en las que, con su notable admiración y reverencia, resalta la grandeza de Jesucristo: Recuerden al hombre en la cruz. Él pudo haber traído legiones de ángeles para la victoria, pero no opuso resistencia. Tuvo piedad de quienes lo crucificaron. Soportó cada humillación y sufrimiento. Tomó el peso de todos sobre sí mismo: "Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar". ¡Cuán alto estaba por sobre esta vida, tan alto que no podemos entenderlo, nosotros esclavos! Tan pronto como un hombre me abofetea, mi mano devuelve el golpe. ¿Cómo puedo comprender la grandeza y la bienaventuranza del Glorioso? ¿Cómo puedo ver su Gloria?

Sabemos que el instrumento que nos permite llegar a la conciencia espiritual es la mente, cuya morada es el corazón. También sabemos que la mente, cual un espejo, si está cubierta de polvo no puede reflejar la luz. Por lo tanto nuestra gran tarea en esta vida es tratar de purificar nuestra mente. Hay un antiguo dicho entre los hindúes, en el cual se compara a la mente de las personas comunes con una mosca, la cual se posa tanto en una flor como también en desperdicios y materias en descomposición; y a la mente de los seres espirituales con la abeja, la cual sólo goza libando el néctar de las flores. El trabajo es transformar nuestras tendencias de mosca en abeja.

El comentarista alemán Angel Silesio dijo: "Cristo puede nacer mil veces en Belén, pero si no nace de nuevo dentro de tu corazón, permanecerás eternamente abandonado".

¿Qué podemos proponemos en esta Navidad? Que el dulcísimo Niño nazca en nuestro corazón. Dejemos de pedir, de posarnos aquí y allá, de ver faltas en los demás. Es tiempo de vaciar el corazón de las pequeñas cosas sin valor para poder atesorar al único Tesoro. 

Dijo el Hermano Lorenzo: A fin de conocer a Dios, debemos pensar a menudo en Él, y cuando lleguemos a amarle, entonces también pensaremos a menudo en Él, porque nuestro corazón estará con nuestro Tesoro.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Conciencia constante

El Señor Shiva

Ningún alumno Zen se atrevería a enseñar a los demás hasta haber vivido con su Maestro al menos durante diez años. Después de diez años de aprendizaje, Tenno se convirtió en maestro. 

Un día fue a visitar a su Maestro Nan-in. Era un día lluvioso, de modo que Tenno llevaba chanclos de madera y portaba un paraguas. Cuando Tenno llegó, Nan-in le dijo: «Has dejado tus chanclos y tu paraguas a la entrada, ¿no es así? Pues bien: ¿puedes decirme si has colocado el paraguas a la derecha o a la izquierda de los chanclos?». 

Tenno no supo responder y quedó confuso. Se dio cuenta entonces de que no había sido capaz de practicar la Conciencia Constante. De modo que se hizo alumno de Nanin y estudió otros diez años hasta obtener la Conciencia Constante. 

El hombre que es constantemente conciente, el hombre que está totalmente presente en cada momento: ése es el Maestro.

Anthony de Mello
El canto del pájaro